Eran los años 60 y Pereira se encontraba sitiada por los rieles del ferrocarril que la atravesaban sin que por ellos transitara un tren hacía décadas. Según la burocracia de Bogotá no se podía hacer nada, pero entonces el alcalde era Octavio Mejia Marulanda a quién apodaban Braca. El tipo no se andaba con rodeos. Un día convocó a los trabajadores del municipio e inició el levantamiento de los rieles por su cuenta y riesgo. Fue un evento memorable apoyado por toda la ciudadanía con tal furia que los funcionarios que nos habían bloqueado por años tuvieron que pasar de agache y la ciudad siguió la senda de progreso que la caracteriza. Hasta ahora. Han pasado sesenta y cinco años y estamos sitiados de nuevo por los burócratas que mal administran las vías del Samán que conectan Pereira con Cerritos- El Valle- Antioquia y el pacífico, es decir, con medio país. Llevamos dieciocho meses en la construcción de una glorieta que tenía plazos perentorios sufriendo retrasos en las citas médicas, perdiendo vuelos, liquidando los negocios de la zona. En la última semana la situación se hizo insostenible porque algún imbécil decidió alterar el diseño de la vía poniendo reductores de velocidad con un efecto inmediato; resulta más rápido llegar a Cali a doscientos kilómetros que a Unicentro desde Cerritos. Las autoridades locales no saben nada, no es su responsabilidad y si hablan duro de golpe tocan un interés que afecte su agenda política. El punto es que la ciudadanía ya comenzó a hartarse de que accidente menor perturbe la vía durante horas porque no se aplica la ley que ordena mover de inmediato los vehículos. ¡Cómo lo van a hacer si los responsables están ocupados persiguiendo a los infractores del pico y placa! Qué bueno sería un “Braca” que ponga orden.
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