Héctor Tabares Vásquez
Está en el lugar adecuado advertir acerca de las consecuencias de todo tipo, surgidas como resultado de decidir lanzarse a la palestra de los medios, con el propósito de manifestarse y de expresar opinión determinada, respecto de los temas aflorando, bien por las circunstancias a su alrededor o también a causa de apreciar la imperiosa necesidad de soltar y de sacar a la luz pública una sensación, inquietud, quizá equivocada, errónea, cuando los hechos o los acontecimientos envían señal de alarma, de regocijo o de complacencia, ocasionadas en el suceso ocurrido a la sazón. Y precisamente en tal virtud, es lo más seguro y pasa frecuentemente, saltó, acometió el terrible e inevitable, defectuoso asunto de lo mediático, saliendo disparados a responder y querer pontificar, exentos de argumentaciones serias y concluyentes. Es aquí donde es necesario observar el fenómeno a presentarse, siendo lo categórico e irrefutable estriba sencillamente en el prurito de la cotidianidad, en el alcance y significado de soportar y fundamentar los eventos y las agudezas, en el simple y llano vivir, en el innegable y consuetudinario trasegar, libre de otras arandelas, valiéndose de la costumbre, de la repetición de coyunturas, de la tradición del siempre fue y ha sido así. No se trata de excusa, tampoco de explicación o analógicamente de justificación. Es el discurrir entorno a experimentar la manera de pensar, brotada de la vivencias y de lo extractado de lecturas anteriores, sacando aquello que queda después de haberlo realizado intentando menos mañosidad en el uso del lenguaje, acudiendo a los diccionarios en aras de no volverse tan reiterativo en los términos y vocablos, de modo alguno posando de intelectual, sino procurando no tener el apuro de emplear a toda hora los mismos estilos de los individuos exentos de constituirlo, dando la impresión de poseer un léxico demasiado precario, en dirigirse a los demás. Hay, venturosamente y para agrado propio, personas asomándose a esta “Columna “, aconsejan y lo comunican respetuosa y cortésmente, formulando la crítica indicada y además acertada, de las lagunas e imperfecciones halladas en los escritos. Al margen de lo esbozado, es imprescindible tomar nota de todos ellos, pero en lo especial y particular, decirles amablemente, obedece ello a la sola y exclusiva motivación, hacerlo de la forma mayormente sincera y franca, basarse el material difundido en el solo aspecto de residir, de sentir, de oír, razonar y meditar, infortunadamente asoman las ansias de exteriorizarlo y de creer inocentemente, ser de alguna utilidad y contribuir de cierta guisa, en el bienestar de los otros, a quienes en realidad nos debemos. Gracias mil en aceptarme.

