Alfonso Gutiérrez Millán
Columnista
En nuestra agitada vida comunicacional se conjuga ahora un nuevo verbo: yo cancelo, tú cancelas, nosotros cancelamos, ellos cancelan etc. etc Y el más ilustre de los cancelados resulta ser nuestro coterráneo Matador, a quien cancelan los de EL TIEMO por un incidente ocurrido hace cerca de diez años con su esposa que lo denunció a las autoridades y, cosa rara entre nosotros, obtuvo “pronta y rápida justicia”.
Lo grave de las cancelaciones es que representan un nuevo tipo de justicia impartida por los dueños de los medios, quienes deciden a quien se le cancela su vigencia. Y algo peor: tal parece que la cancelación opera “de por vida” y sin apelación alguna, y no le quedaría a la víctima sino la opción de recurrir a una tutela por desaparición definitiva de su derecho constitucional al trabajo pues, como lo dijo hace unos cientos de años el maestro Becaria en su tratado de los delitos y de las penas: no deben existir sanciones irredimibles.
La de Matador no es una cancelación ordinaria: al suprimir sus caricaturas nos cancelan a todos el derecho de divertirnos, en un país cuyos noticieros reportan el asesinato diario de líderes sociales, policías, exguerrilleros, soldados etc. Y también, como lo señala uno de los “filósofos de café” que aún quedan en la Pereira del padre Cañarte porque así mismo nuestras viejas podrían cancelarnos cuando les dé la gana o cuando algún poderoso crea qué “ le están sobando la vida” tal como lo realiza Matador en no pocas ocasiones.
La carta del 91 no contempla el supuesto derecho de los colombianos a cancelar a alguien de por vida, y los medios comunicacionales en manera alguna pueden considerarse como independientes de su órbita para regirse solo por los dictados de sus dueños. No, no y no ¡Rechazamos definitivamente esta denigrante opción!
Y mucho cuidado con el contagio, pues, tal como sucedió con el movimiento “me to”, se pueden apoderar de las cancelaciones legiones enteras de fanáticos que presionarían a los dueños de los medios para establecer un nuevo y tenaz tipo de censura.

