Cándidos

Julián Cárdenas Correa

No sabe uno si reírse cuando ve a tantos incautos indignarse con la extracción, no secuestro, de Nicolás Maduro de Venezuela, por parte de los Estados Unidos. Esos cándidos compatriotas, de izquierda todos, afirman, sin ruborizarse, que Maduro debía salir del poder mediante el diálogo.

Voltaire en su libro Cándido, critica el optimismo y deja en evidencia la “inocencia” de aquellas personas que pueden ver lo peor en otras personas y siguen creyendo, por candidez, o inocencia que raya en el extremo de la estulticia; que los otros son “buenas personas”.

Y ojo que no se trata de juzgar que Maduro es malo por verlo como acostumbraba,  hacer el ridículo de manera permanente, no. Nos referimos a los centenares de informes, de noticias, de denuncias, de estadísticas de violaciones de derechos humanos, incluso el que presentó la alta comisionada para los derechos humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, una mujer abiertamente socialista.

Como lo afirma con absoluta razón el gobierno norteamericano, Maduro no era el presidente de Venezuela. Era un dictador que se robó las elecciones y que, además, está acusado de liderar un cartel de narcotráfico.

Esos hipócritas que invocan el Derecho Internacional, son los mismos que, como el Cándido de Voltaire, creyeron siempre que Maduro entregaría el poder por las buenas. No bastó con ver décadas de abusos y violaciones del sistema democrático. Callaron todos. Algunos por candidez, otros por conveniencia y otros, simplemente, por complacencia con las dictaduras de izquierda.

Esos defensores del “buenismo” son los mismos que creen que se puede dialogar con el ELN y las disidencias, o con Ortega en Nicaragua, o con Diaz-Canel en Cuba. ¿Se podrá ser tan “inocente” como para de verdad creer que no es a la fuerza como saldrán esos dictadores del poder y como se enfrenta a grupos como el ELN y las disidencias?

Esos cándidos son los que creen que Hezbolá y Hamás son grupos dignos con unas causas justas que merecen el apoyo romántico de la izquierda y por eso nunca se inquietaron cuando denunciaron muchos medios de comunicación que esas ternuritas estaban como Pedro por su casa en Venezuela.

Algún problema tienen quienes de verdad creen que el diálogo es un camino cuando ven al animal que muerde una y otra vez la mano de quien se le acerca, es más, esos cándidos son de los que siguen tendiendo la mano a la bestia cuando ya sólo hay un muñón. 

El buenismo nos deja a muchos perplejos y más cuando vemos candidatos a la presidencia que igual que el Cándido, lucen más como bonachones inocentes que rayan en la idiotez. Tenemos que preocuparnos porque esa inocencia es la que permitió que Maduro estuviese en el poder burlándose de todo el mundo por más de una década.

Una cosa es poner la mejilla una vez y otra muy distinta es poner la mejilla muchas veces, dejar que te muerdan la mano, bajarte los pantalones y seguir esperando que el otro te mire con respeto y honre lo que le corresponde.

Así los buenistas nos odien, yo sí estoy muy contento de que Estados Unidos haya extraído a Nicolás Maduro y más contento aún me pone verlo con su esposa respondiendo ante la justicia, esposados… Ya era hora.

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