Católicos no practicantes

Padre Pacho
Columnista

El camino que Dios espera de su Iglesia en el tercer milenio es el de la sinodalidad, que no es otro que la posibilidad que tenemos como Pueblo de Dios, para profundizar teológicamente en el significado de este compromiso y su orientación pastoral que nos llevará caminando juntos a descubrir la verdadera misión de la Iglesia.
Es un estar atentos a la voz del Espíritu, sin dejarse contagiar por el espíritu del mundo, que nos lleve a ejercer el poder como carisma y no en forma dictatorial, como si la Iglesia fuera una pirámide, donde la jerarquía está por encima de sus súbditos, cunado en realidad somos Pueblo, animados en todas sus partes por el mismo Espíritu.
No es sano para la Iglesia crearse en ella misma un clima en que la crítica aparezca casi como una herejía o una división cismática; en la Iglesia hay pecado, y no sólo el de sus miembros individuales, sino también el de estructuras de pecado que pueden institucionalizarse en su seno, de modo que la crítica certera debe ser recibida como un bien, como una corrección fraterna y salvadora.
En un mundo tan complejo y de cambios vertiginosos, como el actual, no es extraño que haya diferencias. Lo trágico es que se haya llegado a un punto en que los católicos no son capaces ni siquiera de poner sus discrepancias en común.
Son muchos los cristianos católicos que, se limitan a participar de la vida sacramental, pero cargan cierta frustración, al no participar en ningún compromiso de comunidad, donde se limitan sin ninguna participación más activa, a criticar una Iglesia que no entienden, en muchas de sus decisiones.
Son muchos los matrimonios que escuchan la enseñanza oficial de la Iglesia acerca de la regulación de la natalidad o llevan situaciones irregulares en su relación conyugal y se encogen de hombros; algunos de ellos comulgan sin hacerse mayores problemas y en lugar de un debate sincero prevalece su silencio. Quienes están en desacuerdo se van sin plantear sus dificultades.
Nuestros jóvenes escuchan la doctrina en materia de sexualidad, y no es que no la cumplan, ya que todo ideal no siempre es fácil de materializar, lo grave es que no la encuentran creíble; muchos de ellos prefieren callar antes que trabarse en un debate que consideran de la partida inútil.

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