Duberney Galvis
Tuve la oportunidad de estar en conferencia y entrevistarme con empresarios y pequeños productores de arroz de diferentes regiones del país, algunas de ellas en las que pasé parte de mi niñez entre cultivos cerealeros. Es un hecho que, por donde quiera que se analice, los costos de producción crecientes para este sector en Colombia, superiores a los de Estados Unidos, no dejan margen de rentabilidad.
La estructura de costos que logramos elaborar a partir de la experiencia de los productores indica que: el arriendo de la tierra equivale al 20 %, el del agua el 10 %, control de arvenses, plagas, enfermedades y fertilizantes 40 %; preparación de suelos 7 %, recolección y maquinaria 7.5 %, mano de obra y asistencia técnica 10%, transporte, impuestos y otros, 5.5 %. Este conjunto, sobre un total de 10 millones de pesos por hectárea. Es el punto de equilibrio sin tasa de ganancia. (La Silla Vacía. 19/06/2025)
No son ajenos los daños conocidos por las importaciones en el marco de los acuerdos comerciales, con Estados Unidos y la Comunidad Andina de Naciones CAN. Igual los atinentes a “la inacción frente al execrable contrabando agrícola”; sucede que las montañas de arroz que se solían reempacar años atrás en las salas de viviendas de la frontera con Putumayo, ahora gozan de mayor margen de maniobra y respaldo de las economías ilegales. Cargamentos completos bifurcan trochas regionales una y otra vez sin del debido control fronterizo hasta llegar al paraíso de las bodegas huilenses, lugares desde los que surten al resto del país.
En igual sentido, hice eco a la exigencia de revisar las prácticas de matoneo de parte del oligopolio de la industria arrocera a los agricultores pequeños, medianos y grandes. Situación a corregir por el gobierno Petro, claro está que sin el cuentazo de la cooperativización del sector que está echando (sistema aún más abandonado bajo su administración), intentando desviar el paro contra su gobierno hacia las contradicciones con la industria, disimulando por demás la fallida política gubernamental para el sector, que incluye el incumplimiento de renegociar los acuerdos comerciales que, tras lo acordado para levantar el paro, quedan intactos.
Del mismo acuerdo llama la atención que el gobierno se lavó las manos en la mesa de negociación, no pondrá los dineros. ¿De dónde saldrán entonces los ($450 mil millones aproximados) para apoyar a los arroceros, lo asumirán los molinos y luego se trasladará al consumidor?
Nota al pie: Me refutó un par de cifras el exministro, Dr. Andrés Valencia. Cabe recordar, sobre importaciones, como lo registran las estadísticas de Fedearroz, no se reduce al arroz blanco. Similar para el consumo, las cifras del arroz blanco, el consumo aparente (2.5 millones de toneladas), toca convertirlas a su equivalente en paddy, (arroz blanco = arroz paddy seco = arroz paddy verde).

