Cuidar a quienes nos cuidan

María Irma Noreña

En Colombia, la salud no es un tema técnico: es la tranquilidad de una familia. Es la certeza de que un niño recibirá su medicamento, de que una madre encontrará una cita, de que un abuelo no tendrá que “rogar” por una atención. Cuando el sistema funciona, la vida avanza; cuando se rompe, el país entero se llena de angustia.
Hoy enfrentamos una crisis que no admite discursos vacíos. El Ministerio de Salud informó que 29 EPS acumularon una deuda de $32,9 billones, un dato que explica por qué tantas clínicas y hospitales sienten el ahogo financiero y por qué los usuarios encuentran puertas cerradas o demoras interminables. A esto se suma que la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas reportó que la deuda (cartera) con hospitales y clínicas llegó a $24 billones a junio de 2025, con un aumento de $3,7 billones en solo seis meses. La matemática es simple: cuando el dinero no fluye, se afecta la operación; y cuando se afecta la operación, se afecta la vida.
Pero si queremos hablar con honestidad, hay que mirar otra cifra que duele: en 2023 se registraron 197.765 tutelas por salud, una de las más altas en más de tres décadas. Es decir: miles de colombianos tuvieron que acudir a un juez para que les cumplieran un derecho básico. Y la Defensoría del Pueblo también alertó que en 2024 recibió cerca de 35.000 quejas por vulneración del derecho a la salud y que entre enero y agosto de 2025 ya iban cerca de 28.000. No estamos ante “casos aislados”. Estamos ante un sistema que necesita decisiones responsables, urgentes y humanas.
Ahora bien: esta columna no es para sembrar desesperanza. Es para defender una convicción: sí se puede recuperar la salud, y el camino empieza por una idea poderosa que a veces olvidamos: cuidar a quienes nos cuidan.
Durante la pandemia, Colombia llamó héroes y heroínas al personal de la salud. Hoy ese aplauso debe convertirse en garantías reales: pago oportuno, condiciones laborales claras, respeto y estabilidad para médicos, enfermeras, auxiliares, especialistas, personal de urgencias, ambulancias, laboratorio, camilleros y administrativos. Un país que no respalda a su talento humano en salud, renuncia a la calidad, a la oportunidad y al trato digno.
Y, al mismo tiempo, debemos volver a lo esencial: el paciente en el centro. Que los medicamentos lleguen a tiempo. Que las citas se cumplan. Que las remisiones no se pierdan. Que una cirugía no sea una lotería. Que la atención sea humana. Porque la salud no puede ser un laberinto de trámites: debe ser un sistema que proteja la vida.
Como Senadora de la República, mi compromiso será impulsar una agenda seria para fortalecer la sostenibilidad del sistema, mejorar la eficiencia y transparencia en el uso de los recursos y garantizar que la atención vuelva a sentirse como un derecho real. La salud necesita rigor, gestión y humanidad. Y necesita congresistas que no miren para otro lado.
Si tú también crees que llegó la hora de cuidar mejor, pagar a tiempo y atender con dignidad, este 8 de marzo te pido tu voto: marca Partido de la U – Senado 99. Para que la salud vuelva a ser tranquilidad en los hogares y orgullo en quienes nos cuidan.

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