De Budapest a Bogotá

Julián Cárdenas Correa

Columnista

La deriva autoritaria está de moda. Para ser “justos” debemos mencionar que, incluso en el continente de la libertad, Europa; regímenes políticos como el liderado por Viktor Orbán en Hungría, son ejemplos de autoritarismo.

Y empiezo con el ejemplo de Hungría y la Unión Europea, porque ese representa lo que termina siendo evidente: En temas de autoritarismo, mientras se ejerza al interior de los países, nadie se entromete. Lo máximo que puede hacer la Unión Europea con Orbán, cuando este rechaza la libertad y la democracia, es limitarle o condicionarle el desembolso de ayudas económicas e “invitarlo” a respetar la democracia. Sólo eso.

Cuando digo que “nadie se entromete”, quiero decir que por más que la UE o Estados Unidos, invoquen la libertad y la democracia, ninguno de esos países, ni  ninguno otro, osa meterse en temas políticos locales. Como quien dice, esos temas internos, por subyugación de pueblos que impliquen, deben ser solucionados por los respectivos pueblos.

Ahora, “platanizando” la reflexión, lo que vivieron y han vivido Venezuela y Nicaragua por en las décadas recientes es una muestra regional de eso. Nadie osa, desde fuera, desafiar a ningún político totalitario, así elimine la democracia.

Los gobiernos de izquierda de México, Chile y Colombia, por más que griten su respeto por la democracia e, incluso, se muestren como sus defensores; van dando pasos preocupantes: La expropiación de la industria de litio en Chile y la expropiación de varios tramos de una empresa de ferrocarriles en México, ambos con el argumento de la “seguridad nacional”, deben despertar todas las alertas. Tergiversar el discurso es fácil y parece que lograr la despreocupación en la población, también.

Los pocos que se atreven a señalar esas derivas autoritarias, son tachados de “derecha”, de “élites”, de “enemigos del pueblo”, o de “enemigos del interés nacional”. Los ejemplos están ahí y con tristeza vemos con preocupación que los más hincados defensores de la democracia en años recientes, prefieren autoimponerse la mordaza para no ser linchados por los seguidores de estos “gobiernos progresistas”.

En lo personal, por lo menos me inquieta que los mandatarios de México, Chile y Colombia, se alineen con esos discursos y medidas que conducen a lo que tanto se nos advirtió: La senda de una izquierda vengativa y antidemocrática.

Creo que todos sabemos que las redes sociales nos han ido quitando capacidad de razonar y nos han vuelto inmediatistas, reaccionarios, sin profundidad y sin capacidad de analizar con calma e intelectualidad los problemas. Como dicen los expertos, el sapiens es cada vez menos sapiens. Eso nos pasará factura.

Aquellos grupos que defendían la libertad cuando la derecha era la que la amenazaba, parece que se diluyeron o se acabaron. Las amenazas constantes del gobierno colombiano a tantas cosas, debería, por lo menos, ponernos a monitorear esos pasos que se van dando para rechazar cualquier medida que atente contra la libertad.

La legítima preocupación por los menos favorecidos, nada tiene qué ver con los ataques a la prensa, a la propiedad privada, al tejido empresarial, al desarrollo, al avance científico, a la decencia, y menos aún con la uniformidad de pensamiento.

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