Héctor Tabares
No deja de constituirse en asunto, exclusivamente de dimensión indiscutible, sino de la cuidadosa manera debida de enfrentarse, además atendiendo el medio, panorama, horizonte, entorno, asiento, desarrollo de su temática o enfoque. El decir del ambiente es el de tener o poseer el amigo, en numerosas ocasiones, persona reconocida solamente por la vecindad, el colegaje, la comunidad de oficios o de simple relación, del solo acto de haber departido juntos algún día. También porque en alguna época lo fue e hizo fugazmente intermitente, del cual es posible guardar el recuerdo grato. Lo real, verdadero, es analizar el concepto desde el punto de vista de lo que es en la actualidad, combinando esta situación, los rasgos, actitudes asumidas en determinados momentos de la existencia. Dicho término, definición, de la forma de calificar la proporción del significado, de la noción evidente, racionalmente lograda a través de los hechos, de circunstancias coyunturales experimentadas, trajinadas, acorde a la posición tomada en tales condiciones. Ubicarlas en la exacta magnitud, no es trabajo sencillo, mucho menos obvio cuando en el cometido de llevarlo a cabo es probable apartar del camino una camaradería de la talla de catalogarse como “del alma”, en atención a la configuración grata, enormemente valorada a causa de los trazos expresados en la infancia, en la escuela, en la Secundaria o en la Universidad, afectuoso gesto de solidaridad, de acompañamiento en los periodos donde la vida ha golpeado de cierto modo, en eventuales oportunidades de necesario acercamiento al respaldo, a la identidad con el dolor, el sufrimiento. Y más incrustado el afecto en el caso de en ese aliado o socio de andanzas, no equivocó nunca la senda de la fraternidad, tampoco quebrantó los elementales cánones de lealtad, de franqueza, sinceridad, limpio en el juego, pulcro en la orientación de vínculos entregados sin precio, ausentes de la tasación diferente al apego, a la entraña de lo vivido bajo mencionados lineamientos de hermandad. Es la ponderación del nexo desprovisto del estilo cobijado en la supuesta modernidad cortadora de los lazos de arraigo en seres humanos, ahora puestos en el andarivel de las expectativas, del escalamiento de niveles sociales convertidos en mercado, a la espera de las mejores ofertas, de los baladíes ascensos hacia mundos de orgullo, vanidad. Es penoso hallarse inmerso en universo plagado de envidias, tropezones, zancadillas, erosionando la bella, sana e inexpugnable capacidad de darse al otro, de propiciarle toda la credibilidad necesaria, unido a sentimiento de veraz, auténtica disposición de hacer algo o demasiado, en quien a la vez depositó en uno la confianza.

