Sebastián Arango
La semana pasada, como parte de su gira mundial, estuvo de visita en Bogotá la cantante británica Dua Lipa. Un día antes de su concierto, recorrió el centro histórico de la ciudad y visitó el Museo Botero, institución que alberga una importante colección de arte, en su mayoría, de autoría del pintor colombiano. En las redes sociales circularon imágenes de la cantante observando varias pinturas y siguiendo lo que parecía una visita guiada. Estas imágenes -y otras de los museos que la artista visitó durante su gira- deberían llevarnos a reflexionar sobre la capacidad del arte -y de la cultura en general- para ampliar la mirada sobre nosotros mismos y sobre los otros.
Habría que ubicar primero la figura de Dua Lipa. Siendo una cantante pop, cuenta con cerca de ochenta y nueve millones de seguidores -sólo en Instagram- y convoca multitudes donde llega. Además de ubicar varias de sus canciones en los primeros lugares de las listas mundiales, es un referente en la moda. En su figura parece confluir lo que la industria del entretenimiento, y el público, espera de una artista en su género. Sin embargo, hay algo que llama la atención y parece diferenciarla: su curiosidad por la literatura y el arte, hecha pública en sus redes sociales. Incluso, es la fundadora de Service95, un sitio web y boletín virtual dedicado a la literatura, el cine y el “estilo”.
Causa sorpresa, y creería que esta proviene de los prejuicios y estereotipos que aún conservamos sobre una mujer en la que convergen la fama y la belleza. No parece encajar una imagen como la descrita anteriormente. No esperamos que un personaje de este tipo se interese en clubes de lectura ni en visitas guiadas a museos.
El arte y la cultura nos confrontan así con nuestros prejuicios. Por el significado que damos a las expresiones artísticas en nuestra sociedad, suponemos que su observación requiere una mirada atenta, pausada y una sensibilidad -y en ocasiones, un cuestionamiento- sobre lo creado. Unas simples imágenes de una cantante pop visitando un museo o participando en una sesión de lectura, expone algunos de nuestros pensamientos más arraigados sobre la sociedad y el individuo. La profundidad que reconocemos en el arte no parece encajar con la superficialidad que -con base en estereotipos- esperamos de una figura como la mencionada.
Con acierto, el museo aprovechó la visita como una oportunidad para convocar nuevos públicos entre los millones de seguidores de la artista, y ojalá lo consiga. Pero, más allá de su utilidad para la publicidad, el paso de Dua Lipa por la colección de Botero resalta la capacidad del arte para hacernos observar como individuos y cuestionarnos sobre las creencias y los prejuicios arraigados en la sociedad.

