Neverg Londoño Arias
El beso tiene su origen en un impulso psíquico, una tensión interna que reclama ser satisfecha, una pulsión de vida que se proyecta sobre la fase oral relacionada con el alimento. El beso es un acto que indica desde la afectividad y los códigos sociales un intercambio de información con alguien que es compatible y generador de confianza para manifestar alegría, amor, amistad y la expresión compartida de seguridad y felicidad. La reacción del organismo es gratificante: aumento del flujo sanguíneo, aceleración del ritmo cardíaco, respiratorio y endocrino. Esta actitud fortalece la relación y la autoestima, combate la depresión, mejora la salud bucal, quema calorías y es analgésico.
La connotación del beso depende de la parte del cuerpo que es besada de acuerdo con los convenios sociales, lo que pretende expresarse, los rituales y los momentos que son reclamados por la emotividad o el deseo. Se besa la frente, las mejillas, las manos, los pies, los labios, la nariz, las orejas, y otras partes del cuerpo de acuerdo con el momento que se vive. A la representación física del demonio en los rituales de los aquelarres se le besa el ano. En la mafia el Padrino besa en la boca para sentenciar a muerte. Se besa para saludar y despedirse y se incluye a veces el abrazo.
Los preceptos religiosos limitan en muchos países las expresiones públicas de afecto. El beso y el abrazo en público son prohibidos con sanciones drásticas a los infractores en Malasia, Nigeria, México; los pakistaníes en cualquier lugar del mundo; en los Emiratos Árabes está prohibido además mirarse a los ojos y en Barein se permite cogerse las manos. Besar a un desconocido puede ser ofensivo en muchos lugares de oriente.
En uno de los países del mundo en el cual se le ha cantado al beso como expresión de alegría y amor, se ha presentado un episodio que ha hecho revivir esa pugna presente en los últimos años entre machistas y feministas, que puede tener un trasfondo poco conocido o un oportuno distractor ante la actual situación económica y política en Europa: un beso público no esperado, no robado, posiblemente consentido y celebrado en el momento y posteriormente denegado. Luis Rubiales, presidente de la Real Federación Española de Fútbol y Jenni Hermoso jugadora de la Selección Española ganadora del Mundial Femenino han protagonizado en el momento de la premiación lo que puede denominarse “el beso del año”, acontecimiento que ha ensombrecido la celebración y puesto en tela de juicio las relaciones poco conocidas entre dirigentes, técnicos, jugadores y jugadoras en todos los deportes de competencia.

