Por: Jorge Emilio Sierra Montoya
“ Pinta bien a tu aldea y serás universal”, dijo el célebre escritor ruso León Tolstoi, autor de “Ana Karenina” y “La guerra y la paz“, obras maestras de la literatura mundial.
A su vez, nuestro gran pintor Fernando Botero, a quien despedimos con dolor en un homenaje póstumo sin precedentes en el país, dijo algo similar, como si hubiera seguido, al pie de la letra, dicho consejo.
En efecto, su hija Lina reveló que “para ser universal -decía él- hay que ser local porque al tocar las raíces de la tierra se tocan también las fibras más profundas y comunes a todos los seres humanos”.
Pero -preguntarán ustedes-, ¿a qué viene esto? Muy simple: como ayer, 26 de septiembre, fue el Día de La Pereiranidad, esas palabras nos caen como anillo al dedo. Hay que amar a nuestra aldea, mejor dicho. Amar a Dios, al prójimo y (faltó agregar, con perdón del Altísimo) a nuestro pueblo o, en este caso, a Pereira.
Debemos, pues, amar a la tierra que nos vio nacer y fue también nuestra cuna; por donde pasamos los años maravillosos de infancia y juventud, cuando no la vejez (hasta la muerte y ser, por tanto, nuestra tumba), o donde aún vivimos, aunque estemos lejos de ella, por llevarla, con nostalgia, en el recuerdo.
Aquí, por cierto, tuvimos también un enorme poeta que encarnó, como Tolstoi y Botero, la citada consigna: Luis Carlos González, en cuyo honor se creó, para conmemorar su histórico natalicio a comienzos del siglo pasado (1908), el Día de La Pereiranidad, por mandato de la asamblea departamental.
El maestro Luis Carlos fue pereirano hasta los tuétanos y, por ello mismo, universal, siendo el poeta más representativo del Eje Cafetero, ahora Patrimonio de la Humanidad por el paisaje natural y su cultura, las gentes y su alegría, sus tradiciones y tristezas, que él cantó en versos inmortales, transformados a veces en bambucos.
¿Cómo no recordarlo en el día de ayer, hoy y siempre?

