El diez y nueve de julio

Oscar Alberto Díaz Garcia
Columnista

Los acontecimientos del veinte de julio de 1810, tuvieron su iniciación la noche del diez y nueve; los hermanos criollos De Rubio, planearon acudir el día siguiente, veinte, a la casa del “chapetón” González Llorente para pedir en préstamo un florero como adorno de una mesa para el lugar donde atender la visita de Antonio Villavicencio.
Los hermanos sabían que el español les negaría la solicitud, hecho que deberían tomar, tal y como ocurrió, como una afrenta al pueblo americano.
Así se provocó la revuelta e inmediata revolución con Francisco José de Caldas y Antonio Morales a la cabeza, que desemboco en la firma del acta de independencia de Santa Fe de Bogotá, el veinte de Julio. Doscientos trece años han transcurrido desde entonces.
Independientes primero por las armas, libres después por las leyes, poco tiempo lo fuimos ambas cosas. Ahora somos víctimas de nuestra propia necedad, que nos lleva a creer que en Colombia hay democracia, cuando la realidad es otra: ni libres ni independientes, somos esclavos de una de las peores formas de gobierno, la mas abyecta tal vez, la demagogia.
Hoy el país no se percata de la verdad: los partidos políticos, esencia del congreso, siempre les han mentido a sus electores. Del congreso proviene la corrupción, la falacia, la demagogia. La única manera de confrontar y neutralizar mentiras promeseras, es mediante la otra revolución que promulga la verdad. La misma del sabio Caldas y Antonio Morales, hace mas de doscientos años. Aunque no fue la única revolución, es considerada como la fecha oficial de la independencia porque abrió el sendero de intensas luchas libertarias contra la corona española. Así se dio paso al nacimiento de la República de Colombia.
Demagogia pura es pretender usurpar a la fuerza publica el monopolio estatal a las armas de fuego, según el articulo 223 de la carta. Demagogia falaz es prometerles a tres millones de viejos que tendrán pensión, sin tener los recursos legítimos para cumplirles; peor aún, empobreciendo 18 millones de ciudadanos que construyeron
su pensión legítimamente.
Las reservas de las FFAA invitan la sociedad civil una vez más, a que los acompañen en su legitima protesta. No más engaños, promesas falsas, demagogia. Aristóteles define la demagogia como la corrupción de la república. La República debe velar por el interés de todos incluyendo pobres y ricos; la demagogia como el predominio del interés de los pobres con exclusión de los demás constituye una aberración. Los demagogos confiscan todo el poder y la representación del pueblo e instauran una tiranía personal al estilo de Chávez y Maduro. Para evitarlo, las FFAA desde sus organizaciones de la reserva legitima, sin mordazas, invitan al país nacional el diez y nueve de julio, para hacer presencia en todas las plazas y parques de Bolívar, a protestar con la carta magna como escudo.

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