El hogar no es un lugar, no son las cuatro paredes de una morada; el hogar es el palpitar de un corazón que reconoce su espacio en el mundo. Está en unos brazos, en unos besos, en una mirada, debajo de un puente, en una cascada; en la sala de estar o en el andén de una casa.
El hogar no es el sitio en el que vives, necesariamente. Es el lugar al que vas para ser recargada, la estación de servicio, el banquete que te deja saciada. TE quita la tristeza y te regala calma, se lleva tu cansancio y te renueva el alma.
El hogar no es la razón por la que sufres, por la que callas y todo lo aguantas; es el lugar que te libera y que, en lugar de enjaularte, te regala alas. El hogar es la sintonía de más de un alma, que se ponen de acuerdo sin hablar palabra. Los corazones danzan todos juntos por la misma causa. Saben mucho de guerra, porque siempre ganan la batalla. No se ponen armadura y han abandonado las armas, para ganar una pelea, la herida es innecesaria. Y cuando cae la noche, anhelo regresar a casa, encontrar en mi hogar el renuevo y llenarme de esperanza.

