El Olfato

Hasta hace poco me he percatado de la importancia del desarrollo de uno de mis sentidos, del cual – a propósito – nunca antes había estado tan consciente y, en especial, su incidencia en mi vida, su majestad El Olfato.
Cada uno de los sentidos desempeña un rol clave y complementario al resto del gran sistema perceptivo. Este actúa de manera integral cual maravilloso panel fisiológico de control ultramoderno, ofreciéndonos la posibilidad de observar, sentir, degustar, escuchar y olfatear el universo que nos rodea, soporte sin equanum para la evolución de la especie, exquisito dispositivo natural necesario para el desarrollo personal, social, la interacción con la naturaleza y muchísimo más.
Pese a que gradualmente he tomado conciencia de ello, en contraposición a la automatización a la que por el hecho de existir se nos ha conducido – dando todo por sentado, subvalorando en ocasiones el milagro de vivir, aislándonos por completo de la capacidad de asombro que representa el solo hecho de estar – jamás como hasta hoy había apreciado tanto el sentido del olfato. Es más, recuerdo que en una ocasión, compartiendo con un grupo de amistades, alguien lanzó el siguiente interrogante ¿Si por alguna razón tuvieran que renunciar a un sentido, cuál sería? Tonto de mí en ese momento de mi existencia cuando no dude en afirmar que el olfato. Que equivocado estaba.
Mi memoria olfativa me ha reclamado esta afirmación, proveniente entonces de un joven desprovisto del mínimo atisbo de gratitud con el cual defender a ultranza la relevancia de tan mágico poder otorgado. ¡El olfato ha jugado en mi vida un rol estratégico! Siempre me ha develado el sendero por entre la estructura boscosa de la vida misma, mostrándome el camino, llevándome a tomar decisiones, para avanzar o reorientar la ruta a seguir. Cuando he hecho caso omiso de el olfato y he subestimado su mensaje, claramente me he equivocado.
El olfato trasciende los límites del importante ejercicio fisiológico que cumple. Se instala en un tramado de categorías especiales, cuyo adecuado entrenamiento impacta positivamente la vida que a diario moldeamos. El olfato te permite rastrear cuáles son esos pasos a dar hoy, para alcanzar tus metas y propósitos mañana. No se trata únicamente de oler, lo cual es maravilloso. El olfato está relacionado igualmente con la inteligencia emocional, con la capacidad de aprender a decidir, a ir más allá de lo evidente, construir relaciones de valor y apartarse de las que no lo tienen. ¡El olfato está intrínsecamente ligado a tu calidad de vida!
Una comunidad de sabuesos, de la que me declaro miembro honorario, olfatea diariamente la multiplicidad de opciones que la vida plantea y solo quienes aprenden a entrenar tan sofisticada capacidad sensorial, perciben sus incontables beneficios. Así que te invito a entrenar este sentido, a riesgo de transformar positivamente tu vida. Secretario de Cultura de Risaralda.

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