Oscar Alberto Díaz Garcia
Columnista
El trio diabólico de hoy está conformado por los poderes del estado; ejecutivo, legislativo y judicial; no es necesario poner nombres de pila, ya los conocemos.
Los nombres de las cabezas del monstruo pueden cambiar en un momento dado, dadas las circunstancias políticas según las conveniencias. Cambiar a Gustavo por Francia, o por Verónica, al mejor estilo del dictador nicaragüense, no sería de extrañar. Es como la hidra de múltiples cabezas de la mitología griega, pero sin que se multipliquen en número basta con relevos.
Seguiría vivo el monstruo que es hoy el estado, con un agravante adicional: la amalgama de la eterna corrupción política sumada al obsoleto marxismo. Los poderes del estado son el trio diabólico que nos llevará al infierno del desgobierno, la miseria y el caos. Si los dejamos.
Los desafueros, desacatos, prevaricatos, las salidas en falso del gobierno son innumerables. Podemos llenar cientos de páginas repletas de lágrimas, dolor y desencanto. Podemos seguir haciendo vaticinios tétricos, e invocando los espíritus del bien y la justicia para evitarlos, pero nada de eso servirá si no apoyamos masivamente a los personajes visibles de nuestra realidad nacional, llamados a diseñar la estrategia adecuada para neutralizar y enfrentar desde la legitimidad, al monstruo diabólico que pretende destruir nuestra nación.
Muchas veces nos dolemos de la carencia de un líder que sepa conducir a la Colombia trabajadora, democrática y disciplinada por el mejor camino; ahora tenemos tres: Cabal, Barbosa y Zapateiro. El trio dinámico conformado por una mujer inteligente, capaz, preparada intelectualmente para dirigir la nación, con visión de estado, con carisma y decisión; un oficial de la reserva con una trayectoria profesional que demuestra que hay ciudadanos íntegros, con capacidad de servir por vocación, que prefirió quitarse el uniforme y no supeditarse a un dictador, y el tercero del grupo, en funciones dentro de la rama judicial, el fiscal general, adalid valioso y abanderado excelso de la justicia, para que en el estado funcione el aparato judicial.
Conformemos un triunvirato con los personajes descritos, adecuados para llevar a cabo una verdadera revolución. El progresismo que predica el Pacto Histórico es todo lo contrario a su dialéctica y dicho; no hay evolución, solo retroceso. El discurso promesero y populista de los neo comunistas despega con una lista monumental de problemas reales de todo orden, innegables. Prometen corregirlos todos, dicen contar con la panacea milagrosa que nos conducirá a la tierra prometida, pero se olvidan de una gran verdad: el fin no justifica los medios.
Y los medios que utilizan son injustos, atrabiliarios, inconsecuentes, plenos de retaliaciones, vengativos, con una estrategia absurda: acabar con todo para después arrancar de cero. Cuando lo correcto es construir sobre lo construido, componer lo regular, suprimir lo errado. Sin quitarle los recursos a la clase media y a las Pymes. Comunismo, fuera. Viva la libertad.

