Pbro. Diego Augusto Arcila
Columnista
“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” (García Márquez- Cien años de soledad). Parodiando este famoso texto con el cual comienza esta icónica novela, la más grande de nuestro novel, este 19 de junio estaremos frente al tarjetón que decidirá la Presidencia de Colombia; sino bien con un “fusilamiento”, pero si marcando una X -en lo general-, actitud que se hace muy difícil, casi inédito, lo que estamos viviendo.
Esta vez de manera muy clara nos movemos entre el miedo y la emoción; nuestra Democracia es un péndulo que se mece entre la angustia y la inmediatez; entre la plaza pública con largos discursos y la momentaneidad de un tik-tok en redes sociales. Estamos tratando de ponernos de acuerdo en lo que pasó en los últimos 60 años de nuestra historia política, social y económica. Hay durante estos días – como nunca- un rasgo de fanatismo y de falta de imaginación de todos.
Un fanático es una persona incapaz de mirar el mundo desde el punto de vista de los otros y es incapaz de salir de una sola idea que rige sus convicciones. Eso genera una ruptura con el mundo que lo obliga a condenar todo lo que no esté conforme con su teoría de la realidad. La vertiente fanática- ideológica, venga de donde venga y que, dicho sea de paso, ha marcado la historia de nuestra nación, no es inseparable también de idealismos.
Ahí está la ambigüedad de la situación que vivimos, y de los personajes que vamos a elegir -uno solo-, llenos de contradicciones, con cosas que admiramos y también detestamos. El lugar emocional que le estamos dando a una decisión tan trascendental, no nos puede llevar a decepciones terribles en las próximas generaciones. Estamos ante dos populistas; y el populismo se ha aprovechado de esa sensación de orfandad y de falta de identidad.
El populismo es una sombra que acompaña a la democracia desde el principio, siempre ha existido y todos los políticos han echado de su mano para “alzarse” con sus propósitos. Colombia giró, todos los partidos tradicionales están en crisis, hoy corren a refugiarse donde mejor les haga el viento, sin convicciones, sin recato y hasta con un ánimo casi retador a sus electores, especialmente la Colombia que han desangrado: “aquí estamos, aunque no estemos convencidos, no nos vamos”. En definitiva, este es el resultado histórico y de giro que Hegel, el filósofo alemán escribió: “La historia política y social debe sufrir una antítesis, un desgarramiento para poder avanzar”.
El Papa Francisco en un discurso el 4 de diciembre del 2021, ante el cuerpo democrático de Grecia, afirmaba: “En Atenas nació la Democracia, allí el hombre adquirió la conciencia de ser “animal político”; y por ser miembro de una comunidad, es un ciudadano, no solo un sujeto; un miembro activo de la “polis”. Y una polis -añadía-, que requiere la participación y en lo común, con prioridad por los más descartados (pobres). Democracia que en muchos lugares está en retroceso, y asediada por autoritarismos que son peligrosos, o por populismos que suenan a fáciles recetas, que llevan a la pérdida de identidad y a la desestabilización de las instituciones y sus poderes.
Marcar la X este 19 de junio debe ser un acto serio y en conciencia, no sea como afirmaría también el filósofo alemán Nietzsche que: “Quien lucha con monstruos, tenga cuidado de no convertirse en monstruo; pues, quien mira largamente un abismo, sepa que este le mira también y puede causarte daño”. Este momento llegó para Colombia, que el viaje X de este 19 sea bien pensado, bien ponderado, bien libre.

