Entre etiquetas y procesamiento: evaluación crítica de NOVA y el sistema colombiano de etiquetado

La clasificación de los alimentos ha adquirido una relevancia creciente en el debate público sobre nutrición, salud y políticas alimentarias. Dos enfoques el de grados de procesamiento y el de perfil nutricional coexisten hoy, y en países como Colombia se articulan para guiar al consumidor hacia elecciones más saludables. El sistema NOVA, desarrollado por Monteiro y su equipo (Monteiro et al., 2019), clasifica los alimentos en cuatro grupos que van desde los mínimamente procesados hasta los ultraprocesados. Su premisa central es que a mayor grado de procesamiento industrial uso intensivo de aditivos, ingredientes refinados y técnicas industriales mayor es el riesgo potencial para la salud.

En Colombia, investigaciones han mostrado que los alimentos ultraprocesados aportan alrededor del 15.9 % de la energía diaria y presentan perfiles nutricionales más desfavorables que los alimentos no ultraprocesados (Restrepo et al., 2019). Esto refuerza la utilidad del sistema NOVA como herramienta para entender patrones dietarios y advertir riesgos asociados al consumo de productos industrializados.

Sin embargo, el sistema ha recibido críticas por parte de expertos en ciencia de los alimentos y formulación de políticas. Algunos argumentan que NOVA confunde grado de procesamiento con calidad nutricional, lo que puede llevar a clasificar como “menos dañino” un alimento casero muy rico en azúcar y grasas, mientras que uno industrial reformulado podría ser más saludable (Gibney et al., 2017). Incluso documentos técnicos del Ministerio de Salud colombiano han señalado esta tensión en el marco del análisis de impacto normativo (Ministerio de Salud y Protección Social, 2022).

El enfoque colombiano: perfil de nutrientes y etiquetado frontal

Con la Ley 2120 de 2021 y su reglamentación mediante la Resolución 2492 de 2022, Colombia adoptó un sistema de etiquetado frontal de advertencia basado en el perfil de nutrientes críticos azúcares libres, sodio, grasas saturadas, grasas trans y edulcorantes, siguiendo lineamientos de organismos como la OPS (Organización Panamericana de la Salud, 2016). Este enfoque no clasifica alimentos por su procesamiento, sino por excesos de ingredientes asociados con enfermedades crónicas, lo cual complementa y no sustituye a NOVA. Bajo estos modelos, estudios estiman que entre el 66 % y el 80 % de los productos empacados en Bogotá superan los umbrales y requieren sellos de advertencia (Díaz et al., 2019).

Además, investigaciones recientes han documentado que la entrada en vigor de estas regulaciones ha impulsado procesos de reformulación en la industria, con reducciones en sodio, azúcares y contenido energético en numerosos productos (Forero et al., 2025). Esto sugiere que el sistema colombiano puede generar transformaciones reales en el mercado, más allá de la simple advertencia visual al consumidor.

Ambos enfoques tienen virtudes, pero también limitaciones. NOVA subraya el impacto del procesamiento industrial, pero no siempre refleja la calidad nutricional final. El sistema colombiano señala directamente los nutrientes críticos, pero no necesariamente informa sobre la naturaleza industrial del producto.

Para el consumidor, la coexistencia de ambos sistemas debería verse como una oportunidad para obtener una visión más completa: saber que un producto es ultraprocesado (según NOVA) y que además contiene exceso de azúcar o sodio (según los sellos) permite tomar decisiones más informadas.

Colombia ha avanzado al combinar un sistema que alerta sobre nutrientes críticos con el creciente reconocimiento del impacto de los ultraprocesados descrito por NOVA. Sin embargo, el reto no es sólo informar: es crear condiciones sociales y económicas que permitan acceder a alimentos frescos, nutritivos y culturalmente adecuados. Las etiquetas y clasificaciones deben servir para empoderar a los consumidores, no para confundirlos. Un enfoque integrado que considere tanto la composición nutricional como el grado de procesamiento puede ser la guía más efectiva para construir patrones alimentarios más saludables y sostenibles.

Referencias

Díaz, A. A., et al. (2019). Nutritional quality of packaged foods in Bogotá according to nutrient profile models. Public Health Nutrition, 22(13), 1–10. https://doi.org/10.1017/S1368980019001056

Forero, L. C., Gómez, L. F., Mora-Plazas, M., Parra-Murillo, M., Toquica, S., & Smith Taillie, L. (2025). Reformulation of ultra-processed products in Colombia after the introduction of public health regulations. BMC Medicine. https://doi.org/10.1186/s12916-025-04215-7

Gibney, M. J., Forde, C. G., Mullally, D., & Gibney, E. R. (2017). Ultra-processed foods in human health: A critical appraisal. American Journal of Clinical Nutrition, 106(3), 717–724. https://doi.org/10.3945/ajcn.117.160440

Ministerio de Salud y Protección Social. (2022). Análisis de Impacto Normativo del etiquetado frontal de advertencia. Gobierno de Colombia.

Monteiro, C. A., Cannon, G., Levy, R. B., Moubarac, J.-C., Louzada, M. L. C., Rauber, F., … Jaime, P. C. (2019). Ultra-processed foods: What they are and how to identify them. Public Health Nutrition, 22(5), 936–941. https://doi.org/10.1017/S1368980018003762

Organización Panamericana de la Salud. (2016). Modelo de perfil de nutrientes de la OPS. OPS.

Restrepo, B. J., Bernal, R., & Ramírez, M. (2019). Ultra-processed food consumption and dietary quality in Colombia. Journal of Nutrition, 149(11), 1–10.

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