Juan Hurtado Cano
Un poco de historia antes. Cuando, en dos periodos constitucionales mis queridos conciudadanos en todos los rincones de mi amado departamento, que recorrí con cariño inmenso, me eligieron como su Representante a la Cámara, juré cumplir su mandato con puntualidad, honradez y patriotismo. Hice parte en el Congreso de la República de la Comisión II Constitucional permanente encargada de las Relaciones Internacionales y la Defensa y Seguridad Nacional y el Comercio Exterior, ejerciendo su Presidencia en dos oportunidades, con firmeza y responsabilidad, buscando los más sagrados intereses de la Patria y de nuestra Fuerza Pública, con el obvio relacionamiento directo con los altos mandos del Ejército y de la Policía Nacional.
Y pude conocer profundamente estas instituciones, valorarlas, y así propender por su fortalecimiento, algo de lo que me siento profundamente orgulloso. Complementé mi admiración a las FFMM con mi curso de Oficial Profesional de la Reserva Naval, de la que me graduaron con los honores del primer puesto que democráticamente me confirieron; luego, pude asumir la ponencia del primer proyecto de ley para el fortalecimiento y modernización de nuestra querida Policía Nacional de Colombia, sacándola de la crisis que la golpeaba por falta de profesionalismo y asistencia humana y social, hecho que se concretó con la histórica Ley 62 de 1993, defendiendo su unidad total cuando pretendieron dividirla en tres ramas.
En desarrollo de esa misión, mediante reuniones diversas y foros, pudimos conocer los requerimientos de la institución en materias de formación, capacitación y de sus falencias para obtener un legítimo acceso a vivienda digna, al mejoramiento salarial, etc. y de todo lo cual puede dar referencia mi noble amigo y Director en ese entonces, General Miguel Antonio Gómez Padilla, con quien logramos compenetrarnos para mantener la integridad y unidad del proyecto, frente a las diversas pretensiones en contrario.
Allá, en el seno del Capitolio Nacional, también tuvimos que enfrentamos a este actual inquilino de la Casa de Nariño, señor Petro, quien ya daba pinceladas para esbozar sus intenciones malintencionadas frente a la institución más querida de nuestros compatriotas, que hoy perversamente ha logrado llevar a la triste realidad, descabezando a sus más calificados oficiales formados en estrategia e inteligencia, que han sido nuestro orgullo aún en el exterior. Lo propio ha hecho con nuestros mandos militares a donde, tal como ha trascendido noticiosamente, ha infiltrado la Agencia Nacional de Inteligencia por medio de un señor Wilmar Mejía, bodeguero de la campaña Petro, cuya única formación es la de ser licenciado en educación física y a quien nombró como su Delegado Personal en la Universidad de Antioquia, y con el General Huerta, reintegrado al Ejército, a quienes suspendió la Procuraduría General de la Nación, cuya orden sigue sin ejecutarse.
Estas acciones emprendidas por el régimen, infiltrando nuestras Fuerzas Militares y de Policía, constituyen el más grave atentado contra nuestras instituciones en toda su historia republicana, siguiendo el plan que ya había iniciado el “segundo Judas de la humanidad”, el traidor del Presidente Uribe y de los colombianos, Juan Manuel Santos, quien se nos robó el plebiscito que pretendía atajar la entrega del país a las Farc, con sus adláteres, señores Barreras, Lizcano, Cristo, Benedetti, y otros especímenes de la politiquería y dueños de la mermelada que el farsante de su jefe, les dispensó a raudales.
La Patria está en gravísimo peligro, con los ocho últimos meses que le restan a este lunático y fanático, a quien bien conocemos desde cuando lo enfrentábamos en el Congreso de Colombia y a quien hoy enfrenta, como lo hizo esta semana en el formidable debate contra este peligro latente de infiltración oficial de nuestra Fuerza Pública, nuestra valiente Senadora y precandidata, Paloma Valencia. Pero no vamos a desmayar un instante en seguir enfrentando la izquierda radical en esta Causa Firme por la Patria.

