Me hice sensible, pero no por ello, manipulable. Estar en la esquina del ring en la que solo recibes golpes, sin poder detener el combate, me hizo ágil para escabullirme entre las cuerdas y no permitir que, por falta de cautela, mi oponente me mate. Aprendí a esquivar los golpes y a retirarme de la pelea cuando a muerte, se convierte un debate. No es que haya perdido la paciencia, es sólo que se invertir mi tiempo con mayor sapiencia; acortar el camino para hacer menos larga la espera, porque desde el inicio del juego, cada quien sus cartas muestra.
00Hoy digo ¡NO! No por irreverente ni por terca, es por la prudencia que me regaló la experiencia. Porque entendí que muchas de las veces que dije SÍ, no era que en realidad lo quisiera, Más bien fue porque quería que el otro, conforme estuviera. Aprendí a ver mi valor, por lo que desconocía, pero ahora sé que soy. Construí unos límites y aprendí a usar la negación, tanto para salvaguardarme, como para ser leal a mi corazón. Hoy digo ¡No! Y te doy las gracias, porque vi que eras la misma lección con otra cara.

