En la trajín y el caminar se dan sucesos susceptibles de convertirse en imperativos, obligaciones o deberes morales y desde luego, traducidos en motores, inductores, aceleradores y motivadores, llegando hasta el alma, a efecto de invocar seres tan especiales y únicos de una u otra manera influyendo en el devenir de nuestra conducta, Por estas calendas, aparecen las páginas de los periódicos y de las instituciones a las cuales les compete, la evocación de aquellas personas sacrificadas en un holocausto de siempre recordar en aras de no volverse a repetir y de tenerse en cuenta como un camino de inmolación de quienes honraron la Patria y las Corporaciones, luchadoras, audaces y finalmente pagando con sus existencias el servicio prestado. En calidad de ciudadanos y gentes de bien, nos cabe la difícil misión de mantener viva la llama que alimente y sostenga perenemente, la vocación y el afán de contribuir al bienestar y la concordia de un país azotado a través de corruptas inclinaciones de un sector social descarriado y encaminado a distorsionar la historia y a manchar las hojas de vida de una sociedad alejada del mundanal ruido, de las pasiones, ambiciones y descomposiciones abruptamente ingresadas a un medio de absoluto reproche y complacencia o beneplácito de su acaecer nefasto. Fortunosamente durante estos cuarenta años del daño irreparable, no ha sido indiferente el conglomerado a la conmemoración y de un modo u otro, brotan las voces de reconocimiento, aplauso, de un sentimiento de ausencia y de la nostalgia en dejar marchitar una fuente de sabiduría y un compendio de virtualidad, influencia jurídica y conjunto de humanidades rindiéndole culto a la razón y a la equidad. En lo individual, no es exclusivamente una manifestación de pesar, un dolor de estirpe, un rasgo expresivo de un duelo demás. Es, al margen de ahondar y explayarse en laudatorios merecidos, la gratitud en lo mayormente amplio y puro de la dimensión, en los honores dispensados, la protección y el amparo brindado, la orientación y el manejo de las directrices forenses y administrativas, las ejemplarizantes actitudes proyectadas a jueces y magistrados, en particular, de provincia, respetando jerarquías y carreras, bajo la lupa rigurosa de los conocimientos y el oficio comprometido. Fueron, son y serán en un luengo tránsito entre los despachos judiciales, la inspiración y el derrotero a seguir, togados de la talla de FANNY GONZALEZ FRANCO, DARIO VELASQUEZ GAVIRIA y ALFONSO REYES ECHANDIA, y de experimentar un acercamiento más inmediato en base al estudio de las disciplinas respectivas, la labor solidaria y la vecindad, En ellos encontramos no solo la generosidad y consistencia de los discernimientos, sino algo allende de esa imponente investidura, obrando ungidos en la sencillez y la forma singular del trato y del dechado en el enfoque de la idea en regentar. Inculcaron y enseñaron, empleando reglas y patrones de trabajo, la ruta a continuar de una generación sin lugar a dudas de poder mostrar y sostener ante tirios y troyanos, no haberlos defraudado siendo consecuentes a una consigna de mero estar para el público y la colectividad: “A través de las sentencias”. Todas las publicaciones acopiadas en ésta época, constituyen un fiel reflejo y la prueba reina de la impronta dejada y elogiada en la parte considerable de los mundillos importantes de esta nación y es una muestra irrebatible de una comunidad leal a principios y todavía capaz de traer a la memoria y de actualizar el valor intrínseco y real de los méritos, de los prohombres en áreas de la trascendencia inmodificable del máximo Triunvirato.
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