Carlos Esteban Arcini?gas
Columnista
Colombia necesita estrellarse con casos traum?ticos para abrir los ojos, reconocer la realidad y confrontarse con ella; de otro modo las verdaderas problem?ticas vividas en el pa?s pasar?an por completo desapercibidas. Como en efecto suele ocurrir, pues una gran parte de la sociedad colombiana prefiere mantenerse firme en sus ideas y concepciones culturales (siendo indiferente y conviviendo de manera simult?nea con las problem?ticas presentes en la realidad), antes que reconocer esta realidad, antes que abogar por un cambio y antes que poner en juicio las visiones culturales preestablecidas y aceptadas. Y fue precisamente esto lo que ocurri? con la muerte totalmente inesperada y desafortunada del cantante Legarda. Los hechos ocurridos confrontaron a muchos colombianos con la cruda realidad del pa?s, su inseguridad y su injusticia.
A pesar de que sabemos que los fleteos, los hurtos, los robos y los atracos son un hecho que se presentan diariamente y de manera indiscriminada en los 32 departamentos que posee Colombia; a pesar de que las muertes causadas por o debido a ladrones desfilan por las noticias del pa?s diariamente e incluso casi de manera rutinaria, la muerte de Legarda representa lo que en su momento signific? el atentado con ?cido contra Natalia Ponce de Le?n. Un alto reflexivo que me lleva a preguntarme hasta qu? punto estamos dispuestos a normalizar la violencia y a considerar esta conducta como parte de nuestra cotidianeidad. Cu?ndo realmente como ciudadanos vamos a levantar nuestra voz al Estado de manera vehemente, pac?fica pero atemporal, en defensa de nuestro derecho a la vida consignado en el art?culo 11 de la Constituci?n; en defensa de nuestro derecho a la Seguridad Social (Art?culo 48), o en defensa de nuestro derecho de ?obligatorio cumplimiento? de la Paz presente en el art?culo 22 de la Constituci?n.
Desde hace much?simos años se lleg? al momento en el que una ?gota rebas? la copa? de la violencia en Colombia. Desde entonces, con cada muerte presenciada se han echado ?gotas y más gotas? a una copa manchada de sangre que hace mucho se rebas?? pero que se muestra como inquebrantable: siempre soportando más y más. Anhelo ?desde una perspectiva un poco ilusoria y ut?pica? que el suceso vivido a las 5:15 p.m. (muerte oficial de Legarda) haya provocado la ruptura definitiva de la copa, y que este sea un punto de quiebre definitivo para nosotros como colombianos. Y que, por consiguiente, el suceso no ostente la caracter?stica ?pasajera? que suelen tener el resto de noticias por más tr?gicas que resulten. En donde se genera una indignaci?n e impetuosidad conmovedora pero transitoria y ef?mera?
Sue?o con una Colombia en paz, en donde dejemos de ser indiferentes a las problem?ticas vividas y las afrontemos en uni?n y de ra?z. Espero que en esta ocasión no se cumpla la regla en donde muy pocos afronten el ?estrell?n?, y que en la mayor?a de los colombianos prime la indiferencia e ignorancia, antes que la capacidad de reconocer la realidad y sus problem?ticas.

