La batalla política

Luis García Quiroga

 

En el escenario electoral a partir de ahora comienza la recta final de la lucha política, es decir, la guerra por otros medios para superar la prueba ácida de los votos. 

 

En lenguaje de guerra, desde la trinchera, los candidatos al Congreso y a la Presidencia de la República, pactan alianzas con otras fuerzas como parte esencial de la estrategia porque una guerra sin aliados es casi imposible de ganar. Es la manera como se suman las posibilidades de disparar con mayor certeza tanto sobre los votos duros (clientela), como sobre los votos blandos (de opinión).

 

Como dice un amigo: cuando hierva la aguapanela y se conozca la votación regional de Cámara, el mismo modelo de alianzas se repetirá en las elecciones de 2027 para Concejo, Asamblea, Alcaldía y Gobernación, en las cuales, en Risaralda, todavía no sale un líder que, sin alianzas, gane unas elecciones.

 

Para Senado y Cámara en Risaralda la tendencia se centra en la opción de que el Partido Liberal con Diego Patiño Amariles, y el Partido de la U con María Irma Noreña se repartan las cuatro curules. Las demás fuerzas, entre ellas el Partido Verde con Alejandro García y la izquierda petrista con Fernando Arias Cardona, tendrían que hacer un máximo esfuerzo para lograr umbrales y pellizcar los talones de las segundas cámaras de liberales y la U.

 

Sería un milagro, de esos que en política se ven de cuando en vez, que el descuartizado Centro Democrático logre su curul en la Cámara perdida hace ocho años. 

 

Por su parte, el Partido Conservador ¿existe? Aunque después del entierro a la libanesa que le dio el senador Merheg, se ha visto interés en resucitarlo, pero no para esta batalla.

 

 En lo nacional, el caso más claro lo vemos en el Uribismo y el Petrismo, las dos grandes fuerzas políticas nacionales que, a la fecha, ninguna de las dos gana la Presidencia en solitario, razón por la que ambas se someten a la consulta de marzo próximo. 

 

Como nunca antes en la historia política del país, tendremos una batalla electoral entre izquierda y derecha, antagonistas diferentes a la pugna liberal-conservadora que caracterizó al país desde los albores de la república hace dos siglos. 

 

Como en política lo único cierto es lo que ya pasó, queda la opción de una tercera fuerza calificada por muchos como de centro-derecha, liderada por el Sergio Fajardo quien, ajeno a la polarización y por ser un crítico severo del actual gobierno nacional, está en la jugada con importante intención de voto. Nadie en sano juicio descarta a Fajardo, pero debe pasar la primera vuelta.

 

No perdamos de vista que en esta batalla de marzo lo que está en juego, es la conformación del nuevo Congreso de la República, clave para la gobernabilidad del próximo mandato presidencial.

 

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