Iván Tabares Marín
Columnista
“La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve”: L. Dumur
La enfermedad mental grave no es inhabilidad para ejercer un cargo público. Si hubieran existido en la Rusia de 1917 o en la Alemania de 1933, se habría salvado la vida a más de 150 millones de inocentes dados los evidentes síntomas y signos de enfermedad mental mostrados durante toda su vida por Jósip Stalin y Adolfo Hitler. También podemos hablar de Vladimir Putin, Mao Zedong, Pol Pot o Nicolás Maduro.
El Acuerdo de paz tampoco consideró necesario un examen psiquiátrico, al menos para sus comandantes de las FARC que irían al Congreso, como parte de la verdad que los colombianos seguimos esperando. Alias “El Médico” impacta por su aspecto frío e inexpresivo o por su afecto plano de esquizofrénico que encontré en la práctica psiquiátrica de la facultad de medicina. Un guerrillero capaz de violar sistemáticamente a los menores debe tener un trastorno emocional severo, como también quienes fusilan a un joven guerrillero porque no respeta una norma elemental del campamento. Su desprecio por los niños y la mujer embarazada es aberrante.
Si el examen psiquiátrico previo a la posesión de un funcionario publico existiera, se podría definir si Claudia López presenta los síntomas o signos de una psicopatía; si el expresidente Santos es un narcisista patológico, o si Francia Márquez tiene un coeficiente intelectual bajo.
La paranoia, mitomanía y confabulación de Gustavo Petro desconciertan. El comportamiento errático, sin autocrítica, con reiteradas declaraciones infantiles de Francia Márquez pueden deberse a un retraso mental que nos angustia por su posibilidad de ser presidente de la República. Sería una vergüenza nacional o “lo peor que le puede pasar a Colombia”, según Agustín Laje.
Veamos algunos síntomas mentales frecuentes en algunos de nuestros políticos. El cinismo es su denominador común; cuidan mucho su imagen y gastan enormes sumas de dineros oficiales en publicidad; los más pretenciosos van atornillándose al poder y siempre piensan que necesitan cuatro o cinco períodos para lograr sus proyectos faraónicos; el objetivo es hacer brillar su ego acomplejado, lucrarse y utilizar a quien sea necesario (narcotraficantes y delincuentes) para lograr sus fines.
Son expertos actores para engañar a sus seguidores, gentes humildes o ingenuas, y lloran con facilidad para seducir al auditorio; viven desconectados de la realidad y cada vez que toman un micrófono deliran con proyectos imposibles; les fascina culpar a otros de sus errores; nunca aceptan que se equivocaron y un error lo justifican con otro; son amorales y calculadores; cambian de partido como de vestido y un día son de derecha, pero ocho días después son de centro o de izquierda sin inmutarse.
Si los argentinos tuvieron en una prostituta y un pederasta los símbolos de su mediocridad peronista, los colombianos no seremos engañados y elegiremos el próximo domingo a quien muestre, al menos, un poco de salud mental.
