-La generación de cristal-

Neverg Londoño Arias
Columnista

Una generación corresponde a un grupo de personas de una época, un lugar y un modo particular de vivir en el marco de un entorno sociocultural, que recibe la influencia de los conflictos económicos, sociales y políticos y los avances de la ciencia y la tecnología. Las generaciones crean modas, estilos y formas nuevas de interacción social, personal, familiar y de pareja. Adoptan lenguajes o jergas para dar una interpretación especial a su realidad y se permiten tomar como suyos todo tipo de innovaciones para facilitar la comunicación y posiblemente “esconderse a plena vista”.

La brecha generacional es el espacio entre dos generaciones en cuanto la evolución de la más reciente, con nuevas formas de ver una realidad que impacta el mundo de la cultura, la religión, la política y la ciencia.

Las generaciones reciben su nombre de épocas marcadas por la guerra y la violencia, la desorientación, el miedo a hablar y vivir, la inclusión, la exclusión y la aceptación; epidemias, ecología y uso de la tecnología. En esos espacios aparecen las generaciones perdidas, grandiosas, silenciosas, baby boomers”, del salario mínimo, flux y sell; Peter Pan, bumerang, ME y MTV; generación delta, del tiroteo masivo, Einstein, i-generación, del 9/11 y de la patria. “Generación X o de la llave”, “Generación Y o milenials”, “Generación  Z, posmilénica o centúrica, de los nativos digitales”, “Generación alpha o generación glass”.

La “Generación de Cristal” es actual; producto de madres y padres sobreprotectores de hijas e hijos, hablan por ellos y resuelven desde las tareas escolares hasta los problemas mínimos de la vida personal y social, para evitarles incomodidades y sufrimientos. Son niñas, niños y adolescentes influenciados por las nuevas tecnologías, “sensibles, frágiles e inconsistentes”, malcriados y sin carácter. No asumen ninguna responsabilidad ni se les permite tomar decisiones. Han recibido más de lo que necesitan en un mundo de excesos y compensaciones. Carentes de defensas sociales, sin herramientas, con baja tolerancia a la frustración, e inhabilitados para dar respuesta a los problemas que formula la vida. No maduran en lo personal y permanecen en la casa materno-paterna hasta edad avanzada.

Padres y madres están obligados a aceptar que los hijos crecen y miran el mundo más allá de las puertas de la casa y del control de los adultos y que poseen la voluntad de decidir sobre su vida y sus elecciones: conviene dejarlos ser para que la fragilidad del cristal se transforme en creatividad, libertad de actuar y capacidad de servicio.

Artículo anterior
Artículo siguiente

Otras opiniones

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -