Juan Manuel Buitrago
Columnista
Netflix se ha ido apoderando del p?blico televidente cansado de concursos y noticieros amarillistas. Series que no tienen esa duraci?n interminable de las telenovelas en los canales nacionales nos permiten conocer ahora de cerca otros pa?ses que nos figur?bamos diferentes y de pronto se nos aparecen casi iguales al nuestro.
Est?n en cartelera Trotsky y The Paper (Novosti en serbio-croata) cuyas caracter?sticas no son f?cilmente detectables sin una explicaci?n previa. La primera le concede la raz?n a mi amigo Chichkine residente en Suiza que en su libro Dans les pas de Byron et Tolstoy afirm? que su pa?s , Rusia, tiene un pasado impredecible. Habiendo sido maestro de historia en un colegio vivi? la experiencia de tener que cambiar el relato de la Revoluci?n cada vez que se produc?a un cambio de gobierno. Su afirmaci?n me parec?a graciosa pero exagerada hasta comprobarla viendo la historia hecha en la televisi?n de Putin para conmemorar el centenario del triunfo bolchevique. La serie, muy buena como trabajo cinematogr?fico,? desmitificar?a sin piedad a los antiguos h?roes de la historia oficial si no fuera tan descaradamente ficticia.
The Paper resulta más cercana a Colombia. Enfocando una crisis moral tras la guerra civil que ocurri? al volar en pedazos la antigua Yugoslavia,? la serie nos muestra el papel del presunto peri?dico más importante de Croacia en la lucha por el poder de los nuevos pol?ticos y las ocultas (y perversas) relaciones de los empresarios, los gobernantes, la iglesia cat?lica, los jueces y polic?as corruptos y la fauna variopinta de empleados y colaboradores de un peri?dico cuyo control editorial es el tema que sirve para darle vida a los personajes.
El hijo m?o es twitero y en un art?culo para la red publicado en el portal ?El parche del capuchino? presenta el uso de las redes como el medio de comunicaci?n masiva del futuro que acabar? con los monopolios de la informaci?n que estaban alienando a la poblaci?n con los mensajes manipulados al servicio de los intereses de grupos capitalistas (o de camarillas socialistas en el poder en el otro bando).
Despu?s de ver The Paper los argumentos del twittero parecen incontrovertibles pero queda pendiente el tema? de los mecanismos para superar la peste de las fake news. El uso de pseud?nimos debe prohibirse. La red est? plagada de ene enes que insultan y calumnian amparados por la impunidad del anonimato. Por su parte, enfrentados al desaf?o de las redes, los medios tradicionales deber?an reaccionar publicando sus noticias en una doble columna que admita la existencia de punto de vista diferente.

