¿La IA nos hace más eruditos o más tontos?

Rodrigo Tabares Ruiz

La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta omnipresente en nuestras actividades cotidianas, académicas y profesionales. Desde asistentes virtuales hasta sistemas complejos de apoyo para la toma de decisiones, la IA ha encontrado su camino hacia tareas que van desde responder preguntas triviales hasta resolver problemas avanzados. Sin embargo, continúa la controversia entre quienes la ven como una herramienta que nos puede hacer “más inteligentes”, “más versados”, y aquellos que dicen que puede hacernos “más tontos”, porque puede atrofiar nuestra capacidad de pensar y escribir.

La diferencia entre usar una herramienta y depender de ella es sutil, pero fundamental. Varios expertos señalan que cuando los usuarios se posicionan como simples consumidores de respuestas —copiando y pegando resultados sin mayor cuestionamiento—, su desempeño cognitivo se puede deteriorarLos investigadores señalan que cuando pasamos a una dependencia excesiva de estas herramientas dejamos de ejercitar capacidades clave como el pensamiento crítico y nuestra habilidad para usar el lenguaje de forma creativa.

En cambio, aquellos que utilizan la IA como trampolín para divulgar ideas propias, o para contrastar puntos de vista, tienen mejores resultados en el pensamiento crítico y en la estructuración de argumentos. 

 

Un estudio desarrollado por investigadores del MIT conectó a 54 estudiantes a electroencefalogramas mientras redactaban ensayos, tanto con la ayuda de ChatGPT como sin ella. Los resultados señalaron que el uso de la IA disminuyó de manera notable la actividad cerebral en áreas vinculadas a la creatividad y la atención. Asimismo, los participantes que emplearon la inteligencia artificial tuvieron más dificultades para citar correctamente textos que acababan de escribir. 

Otros estudios muestran que el uso sin criterio de herramientas como ChatGPT puede influir negativamente en ciertas habilidades cognitivas, del mismo modo en que una calculadora usada sin moderación puede atrofiar nuestra agilidad mental para resolver operaciones básicas. La clave, como en tantas otras áreas, está en el equilibrio.

Existen algunas estrategias para contrarrestar los resultados negativos en el uso de la IA. Por ejemplo, usarla solo como apoyo básico, no como fuente definitiva de soluciones, realizar interacciones paso a paso, consultando a la herramienta con preguntas específicas y no pidiendo respuestas finales. 

El cerebro humano seguirá superando a la inteligencia artificial en  la comprensión del contexto de las cosas. A medida que la IA aumente su presencia se debe sopesar los beneficios de la automatización frente a las posibles implicaciones cognitivas. Sin embargo, el problema no es la IA per se, sino cómo la integramos en nuestros procesos mentales.

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