La latente pérdida de la ética en la política

Crhistian Londoño Orrego

Columnista

Una sociedad sin recursos ético, genera una transformación en la conducta de sus miembros basada en antivalores. Oscar D. Bautista”.

Es innegable, con los últimos acontecimientos que, en la práctica política contemporánea, la disciplina ética ha perdido importancia; ¿dónde quedó la formación en ética pública ¿, ¿Quién, entonces, se encarga de trasmitir valores? ahora sin vergüenza y sin tapujos pretenden normalizar conductas y comportamientos impropios, que antes fueron usados como ataques a sus rivales es evidente y palpable el completo descuido de la ética y el cinismo para defender sus conductas, con los mismos argumentos de siempre, frente al respeto a la oposición, a la libertad de expresión y demás reclamos y reproche que siempre sacan a la luz. Pero estos, han sido verdugos implacables, terroristas de memes, videos y difamaciones de toda índole, así que, para exigir respeto, este también debe darse, reciprocidad que le llaman.

La desidia de la ética, no solo de estos parlamentarios, sino de todos aquellos envueltos en estas conductas reprochables, ha generado que se perpetren en aquellos que ocupan cargos públicos, una ausencia de principios éticos, que con facilidad hacen que se desvíen los fines originales de la política, por la obsesión desmedida y desproporcionada de sus intereses personales, incluso los partidistas, incidiendo con esto en el abandono de la ética en los gobernados, con un aumento desproporcionado y sin límites de la corrupción moral y de este sicariato moral.

Esta nueva dinámica social, en la que nos encontramos inmersos con una nueva cultura basada en la superficialidad de independencia, de individualismo, de la propiedad y de una aparente superioridad moral que solo puede revestir a unos cuantos individuos, hace que cada vez sea más difícil para esta oposición existente respetar y practicar principios y valores colectivos como la solidaridad, la cooperación, la generosidad, el respeto, la empatía, trayendo consigo el fortalecimiento de “la ley de la selva”, donde debe imperar el más fuerte y “el hombre se convierte en un lobo para el hombre”, como decía Hobbes, reavivando las confusiones respecto a si una situación es correcta o no, haciendo incluso que sus seguidores y fanáticos rechacen las normas éticas, ya que éstas son menos atractivas o estimulantes.

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