Oscar Alberto D?az G.
Columnista
Lejos estoy de pretensiones milagrosas cuando me refiero a soluciones a nuestra violencia; a la violencia de nuestra naci?n. Es apenas una aproximaci?n a un tema ?lgido, que las demanda: soluciones. De golpe, solo nos salva un milagro, aunque de milagro nos puede salvar un golpe.
Un golpe a un estado atrabiliario y falaz, compuesto por tres poderes a cual más corruptos. La competencia entre esas ramas del poder, para abanderar su miseria, los ha llevado inclusive a aliarse con el diablo, es decir entre ellos. La corrupci?n le ha resultado tan atractiva a la clase política dirigente, que son capaces de entregar todo el patrimonio nacional al socialismo del siglo XXI, a pesar de la desgracia de los pa?ses en donde lo practican.
El armisticio entre las Farc y el estado, que de hecho no es la paz que deseamos, ha tra?do más violencia de toda ?ndole. Y digo armisticio, definido literalmente como el no uso de las armas durante un tiempo, mientras se finiquita la paz; con un par de ?tems que hacen la falacia: las Farc siguen usando las armas desde sus mal denominadas disidencias, más el ELN, mientras el estado solo las usa si Santos les da permiso. Dije Santos, porque al parecer Duque lo consulta primero.
Intocables las Farc, para seguir narco traficando, intocables los cultivos de coca sembrados en resguardos ind?genas, e intocables las más de doscientas mil hect?reas sembradas como herencia funesta del contubernio Santos-altas cortes-congreso. Contubernio cuyos efectos no solo prevalecen; ahora aumentan. Se lo espet? Trump a Duque en su cara, ante el mundo. Fumigar desde el aire es negado por las cortes, apresar y extraditar sujetos como Santrich es negado por la JEP, que se puso por encima de la carta magna.
Modificar seis aspectos que de prevalecer en la estatuaria de la JEP equivale a decretar la impunidad para delitos atroces, est? siendo negado por los padres de la Patria. Entre tanto, pero de entrada, Duque careci? de contundencia para pedirle al congreso su concurso en esta tarea de componer menos del tres por ciento del articulado. Fue tibio, con la tibieza de quien propone solo para aparentar lav?ndose las manos. Ahora le tocara al Centro Democr?tico idearse como convocar al pueblo soberano, para una reforma total desde una asamblea constituyente, que nos d? una justicia nueva. Para retomar el camino extraviado hace ya diez años.
Las causas de la violencia nacen en las propias entra?as de la naci?n: sus corruptos poderes, en contubernio con el narcotr?fico, abanderado por la seudo subversi?n importada de Cuba.

