Por Julián Cárdenas Correa
Muchos de los hechos que se supone conocemos por los medios de comunicación, tienen más manto de duda, más misterios, de lo que nos gustaría creer. La mayoría de las veces lo que vemos y lo que escuchamos se aproxima más a “lo que creemos ver y escuchar”.
Una cosa es creer saber, otra es conocer que hay cosas que no sabemos, y otra, aún más distinta, es la de “lo desconocido desconocido”, aquello que ignoramos que ignoramos, es decir, lo que ni siquiera sabemos que no sabemos.
Es posible que en este último concepto quepa lo que ocurrió a puerta cerrada en Estados Unidos con Gustavo Petro y el Presidente Trump.
Si bien no hubo “ring” de pelea delante de las cámaras, es obvio que en esa reunión sin testigos más allá de las comitivas, la reunión no debió girar en temas como: ¿Cómo está todo? ¿Qué tal te va? Tampoco debió invocar un “hagámonos pacito…”, y menos un “respetémonos que somos pueblos libres”. Es quizás más obvio que a puerta cerrada los temas hayan sido del tipo: “Vemos mucha cercanía y complacencia con estos grupos narcotraficantes”, o “Sabemos que a su campaña ingresaron recursos que tenían este origen de un gobierno extranjero”, o del tipo “No nos gusta su cercanía y permisividad con actores de Hamas y Hezbolá en su territorio”. Seguramente la conversación tuvo componentes de ambos tonos y tipos de comunicación, pero dado que Gustavo Petro después de esa reunión luce literalmente, domado, más respetuoso en su lenguaje con la institucionalidad; es bastante probable que, aun estando en el terreno de lo desconocido, de lo que desconocemos de que desconocemos; esa conversación haya sido más un reguero de advertencias con base en evidencias.
Siendo absolutamente especulativa esta reflexión, creo que es probable que también las advertencias hayan incluido en la conversación el proceso electoral, y no me refiero a lo que se conoció por los canales diplomáticos respecto al “llamado del gobierno americano a un proceso electoral transparente”; sino al mensaje tipo “Ahora que quitamos a Maduro del panorama, no queremos uno similar en Colombia”. Léase, no queremos que apoyen a Cepeda…
¿Raya esta opinión en lo conspiranoico? Creo que no. Si bien no es esta una teoría política, sí es simplemente una inferencia que podemos hacer al ver, además de la prudencia que viene manejando Gustavo Petro, que la campaña de Roy Barreras luce como más respaldada por la Casa de Nariño.
Mientras la izquierda se rompe las vestiduras asegurando que será Cepeda el candidato del progresismo y no Barreras; y otros especulan desde el temor (terror) de especular que el Presidente será Cepeda; es muy probable que eso que no sabemos que no sabemos, haya definido el destino electoral de la izquierda y por ende del país.
Lucirán los movimientos como obvios en las próximas semanas, pero puede que el desgate energético de temer que Cepeda puntee en las encuestas, pase a ser un mal sueño.
Nunca lo sabremos. Sabemos que esa reunión definitivamente no fue para saludarse. Eso sí lo sabemos. Lo demás será especulación (Por ahora).
¿Qué extraer entonces de esta columna? Que muchas veces las decisiones que tomamos las tomamos inocentemente, creyendo que el mundo es como lo vemos. No vale la pena dar todo por perdido. Es mejor tratar de ser un poco sensatos y reconocer que el mundo cambió y que el cambio incluye la casi certeza de que nuevos “Maduros” no serán permitidos en muchos años hacia futuro.

