Por Julián Cárdenas Correa
Se puede pensar con el deseo, pero eso no cambia la realidad. Las narrativas
pueden funcionar, pero funcionan unos días, o quizás, unos meses o años; pero
que a la postre, la cultura permisiva que estamos viviendo perdure, es algo
imposible.
En la actualidad, a falta de una espada de Damocles, tenemos varias pendiendo
sobre la realidad nacional. Así el presidente con ironía y pretendida sobradez
intelectual, se asigne capacidades infinitas y sobrehumanas, hay cosas que no es
que puedan, es que, con absoluta certeza; van a pasar factura.
Alertados estamos de un posible racionamiento por falta de inversión en el sector
energético. ¿Qué pasa ante esos anuncios? Burla y desafío del gobierno. Pero
eso es jugar con candela. Podemos imaginarnos el nivel de simpatía que tendría
este gobierno (Y cualquier gobierno) si los jóvenes áulicos que se declaran ciegos
seguidores petristas, se quedan sin energía y sin internet varias horas al día…
¿Qué pasará si los proyectos empresariales siguen deteniéndose por falta de
tranquilidad en los mercados a raíz de las constantes declaraciones, locuras y
ataques, del presidente y su séquito? Pues el desempleo aumentará y la
economía seguirá en estado de hibernación. Así pretendan algunos economistas
“exigir” disminución de tasas y asignarle al Banco de la República la
responsabilidad de la mala marcha económica, la realidad es que es eso, la
realidad, la que cobra y de contado. ¿Qué harán los desempleados si ven
truncadas sus posibilidades de consumo? ¿Los nuevos desempleados aspirarán a
la libertad y la independencia económica o a que el Estado tienda la mano con
subsidios paupérrimos?
¿Qué pasará con esas comunidades agobiadas por la delincuencia? ¿El gobierno
espera paciencia a perpetuidad con Iván Velásquez y con los grupos al margen de
la ley? Esa paciencia también se extinguirá.
Por muy inspirador que pretendan creer los seguidores del gobierno que es el
presidente Petro, la realidad, es que esas espadas de Damocles se desprenderán.
Los cabellos que sostienen esas espadas se quebrarán y esas espadas, por
fuerza de gravedad, tendrán que caer.
Son cabellos de caballo, o sea, débiles fuerzas, las que sostienen otras que sí
presentan pesos descomunales. Pero como lo serio no es lo de los líderes
petristas, debemos recordar también que las mascaradas cansan por igual. El
trasnocho descompensa, la risotada aburre, y la ridiculez, cuando es permanente,
agobia y agota y esto es así, por muy vacío y desocupado que se sea
intelectualmente.
Cuando las facturas empiecen a llegar es posible que la solución sea simplemente
dejar que esas cosas pasen. Puede que sea la única manera en que se reconocerá la necesidad del esfuerzo, de la seriedad, de la preparación para afrontar toda situación humana.
A la larga son los apagones los que evidenciarán la necesidad de inversiones, de
mantenimientos, de ministros preparados, de confianza inversionista… de menos
verborrea. Son los desempleados, los que sufren necesidades, los que valoran la
oportunidad de trabajar y valerse por sí mismos… Son quienes pierden a sus
seres queridos, quienes sufren la violencia en carne propia, los que dejarán de
aplaudir de primeros. Serán esas espadas las que pondrán a cada quien en su
lugar. Lo angustioso es que todo tiene un precio…

