Gonzalo H. Vallejo A.
Columnista
El 26 de enero se celebra el Día Mundial de la Educación Ambiental. Esta fecha fue propuesta en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente realizada en Estocolmo (1972). Los posteriores cónclaves internacionales, entre ellos: Belgrado (1975); Tbilisi (1977); Guadalajara 1997 y otras dos Cumbres de la Tierra (Río+20 en 1992 y Johannesburgo 2012), buscaron resaltar la importancia de la educación como causa, medio y fin fundamentales para identificar problemáticas ambientales tanto globales como locales (deforestación, contaminación de tierra y agua, entre otras); tomar conciencia en los diferentes grupos sociales y educativos sobre la preservación y protección de la salud del planeta; formar integralmente ciudadanos del mundo respetuosos de su patrimonio ecosistémico y transitar de forma decidida hacia comunidades ecoeficientes y sostenibles.
Fueron seis los puntos capitales acordados por setenta países a través de la Declaración de Belgrado (Yugoeslavia). Allí se fijaron metas y estrategias metodológicas y formativas en materia de Educación Ambiental, las cuales fueron refrendadas por la Unesco en la primera Conferencia Intergubernamental de Educación Ambiental celebrada en Tbilisi (Georgia,1977), dos años después. Se establecieron tres grandes objetivos: demostrar la interdependencia económica y eco–socio–sistémica entre las áreas urbanas y rurales; proporcionar a los agentes educativos recursos y oportunidades para adquirir conocimientos, valores y aptitudes con el fin de valorar y proteger “el hogar de todos” y establecer nuevos criterios y prácticas más amigables con nuestro entorno natural y social. Cinco décadas después subyace la pregunta: ¿habremos logrado tan loables propósitos?
El diálogo interactivo de los saberes al igual que la formulación de nuevas ideas y conceptos miden el grado de desarrollo de un grupo social determinado y condicionado éste, por la forma cómo los diferentes actores sociales utilizan los recursos de su entorno para satisfacer sus intereses y necesidades en pro de una mejora en su calidad de vida. El estilo de nuestro vivir actual, consumista, depredador y neoliberal, ha desembocado en la actual crisis social y ambiental que estamos viviendo y padeciendo. Muchos factores económicos y socioculturales han incidido de mil formas en el uso y el abuso de los limitados recursos que tenemos y que hoy día forman parte de nuestra dramática realidad circundante. Saberes asociados con el poder han sido armas socio–políticas y culturales con las cuales se ha atentado contra la naturaleza, el planeta y comunidades vulnerables.
Abogamos, desde este aquí y ahora, por nuevos paradigmas culturales y educativos que nos permitan transformar nuestras prácticas antisociales y ecocidas; modificar nuestra forma de sentir–pensar–actuar en nuestras comunidades educativas sobre nuestro papel como gestores de vida; proponer y reactivar estrategias pedagógicas y didácticas, críticas, creativas y sustentables que orienten nuestro caminar desde la acción–reflexión; reconocer, aceptar y trascender los grandes desafíos de la nueva era; reivindicar el interés por forjar nuevos modelos de educabilidad y enseñabilidad; compartir misiones visionales humanistas, coherentes y comprometidas. Esto nos permitirá auscultar percepciones y vivencias y descubrir horizontes de sentido. Así lograremos, desde una clara y sana racio-emocionalidad, darle signo y valor, rumbo y andar, forma y ritmo a nuestra praxis libertaria.
gonzalohugova@hotmail.com

