Los hijos no se expropian

En la historia de la humanidad, pocos vínculos han sido tan sagrados y fundamentales como el que une a los padres con sus hijos. Este lazo no es una construcción jurídica, ni una concesión del Estado: es un derecho natural que nace con la vida misma. Los padres son los primeros responsables del bienestar, la formación, el amor y el cuidado de sus hijos. Ejercen la patria potestad no por delegación de un gobierno, sino por naturaleza y por vocación.
La Constitución Política de Colombia y el Código Civil reconocen este principio: “La familia es el núcleo fundamental de la sociedad”. El Artículo 288 del Código Civil Colombiano establece que la patria potestad corresponde al padre y a la madre por igual. La patria potestad la ejercen los padres, y solo en situaciones excepcionales, como el abandono, el maltrato o la incapacidad manifiesta para garantizar los derechos del menor, el Estado puede intervenir.
En Colombia, la patria potestad es un derecho-deber fundamental que recae sobre los padres respecto a sus hijos menores de edad. Más allá de ser una figura jurídica, representa un compromiso ético y humano con la formación integral de los hijos, donde el amor, el cuidado, la protección y la orientación son pilares esenciales.
Desde la ética, la patria potestad no se trata de un poder sobre los hijos, sino de una responsabilidad moral profundamente ligada al amor, la dignidad humana y el desarrollo de la autonomía del menor. Los hijos no son propiedad del Estado ni de los padres; son sujetos de derechos que requieren cuidado, guía y ejemplo para crecer en libertad y responsabilidad. El gran desafío ético y jurídico está en lograr un equilibrio justo entre el rol de los padres y el deber del Estado. Desde una visión cristiana y humanista, la patria potestad no solo es legal, sino una vocación sagrada. Los hijos no son propiedad del Estado ni objetos sociales, sino personas confiadas a sus padres para ser amadas, guiadas y protegidas. Es deber de todos los ciudadanos, juristas, educadores y responsables de políticas públicas, defender la patria potestad como un pilar de la sociedad. No puede permitirse que el Estado reemplace arbitrariamente la función de los padres, pues hacerlo es romper la base del tejido familiar y abrir la puerta a formas sutiles de autoritarismo.

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