Mascotas

Neverg Londoño Arias

Dados los cambios en la estructura de la familia y los nuevos modelos de vida, las mascotas han saltado a primer plano desempeñando un papel de importancia en la vida emocional de las personas; son compañeras de viaje aceptadas en medio de afectos incondicionales y a las cuales se les permite el empoderamiento de los espacios del hogar. Llegaron para llenar esos vacíos de soledad ante la decisión de prescindir de tener pareja, hijos o formar familia.  

En la familia tradicional existían dos mascotas que ocupaban un lugar secundario: perro y gato; otros animales cercanos podían desempeñar este papel ante el riesgo de que un día sirvieran de almuerzo. Se comenta que en cada lugar del mundo se puede tener un tipo de mascota a  elegir de acuerdo con la fauna cercana, la especificidad de la domesticación y los vínculos que logran establecerse durante este proceso.

Ante la carencia de niños se observan actualmente en los centros comerciales a perros de compañía que se pasean por salones y pasillos con no disimulada seguridad; conocedores de su condición, en las cafeterías se colocan bajo la mesa con la cabeza sobre el piso, la mirada atenta repasando el camino de las hormigas y calculando la caída de las migajas. Los gatos, más dueños de sí mismos, propietarios de su libertad, hacen honor a los atributos de “su majestad”; amos del hogar y de selectos lugares públicos que utilizan para deambular bajo su real decisión.

Este es el prólogo de un orden social diferente: los niños empiezan a perderse cuando  la cultura machista cae en un vacío; la mujer, sumisa reproductora, toma las riendas de su vida y sus decisiones, asume una carga laboral que difiere de las tareas del hogar, participa en la academia, la política, la ciencia y la cultura, y en todo lo que se encontraba dominado por los privilegios de género.  La dispendiosa función de procrear, actualmente se aleja de imposiciones sociales y religiosas; al ubicarse  en otro plano trata de redefinir responsabilidades en un nuevo modelo de maternidad-paternidad.

La decisión de no tener hijos, la cultura del hijo único o “solamente tener la parejita”, ha generado una situación que preocupa a demógrafos, analistas, economistas y gobernantes.  La escuela, los parques y las calles han empezado a ser algo diferente; por sus alrededores se ven pasar viejos nostálgicos y jóvenes sin horizonte embebidos en sus celulares. Las mascotas se posesionan del hogar y de estos lugares comunes, sin mayores demandas. Su población aumenta en el mundo. La natalidad de niños sigue en baja, la escuela está vacía y el parque ya no tiene algarabía.

 

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