Mi Primera Comunión

Hace 45 años en un corregimiento de Riosucio-Caldas, llamado “Quiebralomo”, hacía mi Primera Comunión, tenía 8 años, mis padres se habían trasladado allí debido a unas minas de carbón y oro que mi papá había comprado. Recuerdo que ese día, un 8 de diciembre, un día como hoy, entraba a la bella capilla del corregimiento, acompañado por mis amiguitos, bellamente vestido de saco y corbata, y con la gran ilusión y amor por lo que iba a suceder, recibir el Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. La pequeña capilla apenas era para mis 22 amigos y yo, los padres de familia, hermanos y fotógrafos se apretujaban, y con una alegría similar a las nuestras, vivían la bella ceremonia y esperaban el momento cumbre en el cual el sacerdote colocaba devotamente la hostia consagrada en nuestra boca, y nos daba a beber el vino, que es la Sangre de Cristo. Misterio aún un poco difícil de entender por nuestra corta edad, pero que nos llenaba de un gozo y alegría espiritual como nunca lo habíamos sentido.

En efecto, eso es lo que hoy en muchos templos católicos vamos a ver, las fotos y vídeos de niños y niñas haciendo su Primera Comunión en este domingo. Y fue el Papa Pío X en 1910, a comienzos del siglo pasado, quien por inspiración del Espíritu Santo de Dios, invitaba a los niños y niñas a acercarse con amor a la Sagrada Eucaristía, Sacramento que hasta entonces sólo podían vivir los adultos. El Papa Pío X, llamado el “Papa de la Eucaristía” ordenaba en su potestad como Pastor Universal de la Iglesia, que en todas las Iglesias Católicas del mundo los niños desde los 8 años, después de una preparación consciente, vivieran este acontecimiento feliz. 

Además, el Papa sugirió que coincidiera con la Fiesta de la Inmaculada Concepción de María, dogma de fe que su antecesor, el Papa Pío IX en 1854, había decretado mediante una carta apostólica, que llevaba por nombre, en latín “Ineffabilis Deus” -Inefable Dios-, que afirmaba el gran Dogma de la Inmaculada Concepción de María, esto es, que ella, la Madre de Dios había sido preservada inmune de toda mancha del pecado original, desde su Concepción. Estos dos acontecimientos marcaron la historia de la Iglesia, y es hasta hoy el significado histórico de lo que celebramos cada 8 de diciembre. Mi Primera Comunión fue como la de todos, hubo fiesta, piñata, pastel y muchos regalos. 

El niño aquel de vestidito azul y corbata roja, hoy se ha convertido por la consagración sacerdotal en el “dispensador” de este bello sacramento de amor, el más grande y sublime que tenemos los católicos bautizados, el de saber, que, en cada Eucaristía, Cristo baja y con sus ángeles y santos, en cada altar, se hace presente vivo y eficaz para alimentarnos durante nuestro paso por esta vida, y darnos fuerzas para la vida eterna. Gracias papá, mamá, hermanos, mi catequista, mi sacerdote, mis amiguitos y vecinos, hace 45 años viví lo más sublime y grandioso de mi vida, recibir por primera vez a Cristo Pan de Vida. Felicidades a todos los niños y niñas que hoy viven este sacramento. ¡Disfrútenlo!

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