En Sábados Felices, el tradicional programa de entretenimiento, cuando uno de los humoristas de planta cuenta un chiste remitido a manera de colaboración por un televidente, inicia con la frase: “dice el corresponsal”; pues bien, en esta práctica de escribir columnas también tenemos corresponsales, personas que siguen a los columnistas y de vez en cuando les sugieren temas a desarrollar, por el especial interés que encierran o por su actualidad.
Para La Miscelánea de esta semana un lector muy querido me ha referido una historia, según la cual, un menor estudiante de una de las instituciones educativas de la ciudad, habría sido llamado a la coordinación académica para una amonestación, por haber presentado una composición que se le había puesto de tarea, para lo cual el escolar se apoyó en un chat de inteligencia artificial (IA). El corresponsal de esta historia me decía, indignado, que las herramientas que brinda la tecnología son para aprovecharlas y que pretender prohibirlas y reprimir su uso sería como si en su momento se hubiera castigado a quienes optaran por usar la rueda y la carreta, obligándolos a seguir llevando la carga en sus hombros o en el lomo de un animal, agregando que, cosa muy distinta, es que las autoridades y las entidades educativas deben reconsiderar y ajustar el modelo educativo, incorporando los lineamientos necesarios que deben dar los docentes para promover el correcto manejo de esas herramientas, que potencien los resultados y estimulen la creatividad de los estudiantes.
El desarrollo de la ciencia y de la técnica normalmente tiene como objetivo hacer más práctica las formas de hacer las cosas, y cuando eso tiene que ver con mayores niveles de eficiencia y menores esfuerzos físicos en la realización de procesos productivos, pues no hay discusión, pero, cuando esos desarrollos tienen que ver con la simplificación del intelecto, cuando las herramientas están dirigidas a que pensemos menos, el asunto se pone preocupante.
En este sentido, las discusiones sobre el tema de la inteligencia artificial, han permitido ir unificando el criterio según el cual el problema no es la herramienta como tal sino la forma en que ésta debe ser entendida, como un insumo, como una fuente de información que permita el enriquecimiento de los trabajos del estudiante y que no se trate simplemente de que un chat nos entregue la tarea ya hecha.
La inteligencia artificial tiene unos parámetros de uso que incluyen los criterios que cada usuario, según su interés, le debe dar, para orientar el tema consultado, eso, en la nueva jerga tecnológica se llama el Prompt, que se define como la solicitud o estímulo diseñado para guiar la interacción entre un sistema de IA y un usuario, es decir que el correcto y el sano uso de la herramienta implica que se tenga unas bases, un conocimiento previo del asunto que se investiga de tal forma que la IA nos lleve a obtener datos, estadísticas, comparaciones y elementos que en general permitan realizar un ejercicio de análisis que a su vez conlleve al usuario exponer su posición y sus propias conclusiones.
Si los docentes, hacen lo que les corresponde, se preparan y tienen clara esta nueva dimensión del conocimiento, la inteligencia artificial, en la formación de los estudiantes, no será una barrera sino un trampolín.

