James Cifuentes Maldonado
NO SOMOS PAISAS, TAMPOCO TOLIMENSES. Este domingo me encontré dos interesantes artículos de Walter Benavides, sobre la necesidad de redefinir el contexto regional de Pereira y Risaralda, dentro de la orientación geopolítica que hemos tenido en los últimos años, en el marco de la figura de la Región Administrativa y de Planeación – RAP.
Las decisiones ya tomadas muestran que en la RAP nos alineamos con el eje del Magdalena y particularmente con el Tolima, muy cercano a la capital, con base en el componente de cultura cafetera, Paisaje Cultural Cafetero – PCC, que compartimos con Caldas y Quindío. El columnista, en un sesudo análisis, considera esto un error, que nos ha ubicado en un escenario que no nos corresponde y que es necesario revertir, porque, si bien la cultura cafetera es un elemento importante no es el único; es necesario analizar otras variables como la del desarrollo económico que nos ofrece el Valle del Cauca, que además de ser geográficamente más cercano, también hace parte del PCC.
A pesar de mi acento y mis raíces antioqueñas, nunca me he sentido cómodo con el apelativo de “Paisa”. Es claro que Pereira y gran parte de sus municipios están ubicados en una zona limítrofe donde concurrió la colonización, tanto antioqueña como del gran Cauca, lo que a veces me lleva a pensar que no somos ni de aquí ni de allá. Sin embargo, cuando uno otea el horizonte, es mucho más clara la visión hacia Cali y Buenaventura que a Bogotá.
Además, de la gastronomía y las costumbres, son muchas más las cosas que nos atan al valle que al mismo departamento de Antioquia. Geográficamente la bisagra que marca el arriba y el abajo de esa división, podríamos decir que está en el departamento de Caldas, en Manizales más exactamente; hasta ahí considero yo que llegó la Antioquía Grande y que desde Chinchiná hacia el sur nuestra esencia es caucana. A lo largo del Río Cauca, existen un sin número de poblaciones, desde Cartago hasta Tuluá, muchas de ellas con arraigo cafetero, que nos hacen sentir que es más fácil y natural decir, como en la canción: “Mi Valle del Cauca”.
Coadyuvo el llamado, para que las autoridades del departamento, reconsideren la RAP, y centren sus objetivos en fortalecer los lazos y ojalá posibilitar la integración de Risaralda a través de esa figura, pero con el Valle del Cauca, teniendo claro que desde nuestra ubicación y nuestra cosmovisión, miramos más hacia el Pacífico, que es nuestra ventana hacia el mundo, y no al Alto de la Línea ni al Páramo de Letras que nos llevan a Bogotá.
Walter nos deja hacer conciencia de cómo, por efecto del comercio y el turismo, en Pereira y Risaralda nos estamos volviendo el segundo centro de recreo y de descanso de los bogotanos y estamos despreciando la vocación agrícola e industrial y la productividad del Valle del Cauca, departamento al que estamos ligados por muchas más razones.
Dicen que es mejor ser cabeza de ratón que cola de león, y quizás esa sea la causa por la cual nuestros dirigentes optaron por la opción del Tolima en la planeación de la región; pero aquí si toca ser objetivos y estratégicos, y entender que el Valle del Cauca, en desarrollo nos lleva décadas de ventaja, pero que eso no puede verse como una debilidad, sino como una oportunidad.

