Miscelánea

James Cifuente

A nivel mediático, la elección del Congreso pasa medio de agache, porque tiene una connotación muy regional y muy local; sabemos que estamos en campaña por la publicidad exterior, por las vallas, los pendones y los afiches que nos encontramos por las calles de las ciudades y pueblos. Salvo por alguna que otra cuña en radio y cierta actividad en redes sociales, podría decirse que la elección de los congresistas tiene su propia dinámica, impulsada por las maquinarias de los partidos políticos y los cientos de candidatos y sus equipos en el terreno, de tal manera que los medios de comunicación no le gastan mucha tinta ni le hacen tanto ruido como si lo hacen con la elección del Presidente.
La elección del Presidente es el plato fuerte y suele concitar la mayor atención de la opinión pública, lo cual no es un hecho fortuito sino que tiene estrecha relación con lo que llaman el régimen presidencialista, lo que significa que el Presidente es al mismo tiempo jefe de Estado y jefe de Gobierno, sin depender del Congreso para elegirse y mantenerse en el cargo, porque es elegido directamente por los ciudadanos.
La preponderancia de la figura del Presidente tiene que ver con la forma en que está concebido el Estado desde nuestra constitución alrededor de una república unitaria pero descentralizada, lo que significa que en su administración Colombia tiene dos contextos de gobierno, el del nivel central y el de los territorios, es decir los municipios y departamentos que aunque gozan de autonomía para su funcionamiento deben hacerlo bajo un mismo marco legal y constitucional.
En la república unitaria el hilo conductor es el Presidente, que representa la unidad nacional y dicta las políticas que deben preservar esa unidad y sobre todo debe interpretar y materializar los principios, los valores y los fines del Estado, como los hemos concebido, en nuestro caso desde la Constitución de 1991. Para saber lo que nos define como Estado, como nación y como colombianos, un buen comienzo es leer los primeros 10 artículos de la Constitución que nos hablan de cosas como: por qué existe el Estado colombiano, cuáles son sus fines, qué significa que sea “Social de Derecho”, qué es la soberanía del pueblo, cómo se reconoce a los individuos, su cultura, sus derechos, sus responsabilidades y cómo nos vemos frente al mundo.
Sea que nos gusten o no sus ideas, que estemos de acuerdo o no con su estilo o que reprobemos su gestión, en esta dimensión objetiva, en virtud del cumplimiento de los fines del Estado y la promoción y el respeto por las instituciones, es que considero se debe juzgar y medir a un presidente, a cualquiera, al de ayer, al de hoy y al siguiente.
Adenda. Como experimento, le pregunté a un estudiante de 5° semestre de universidad, si a estas alturas de la carrera ya le explicaron lo qué es ser colombiano, si ya leyeron los primeros 10 artículos de la Constitución y, para mi sorpresa y mi dolor, me ha respondido que no. Me temo que tal distanciamiento y tal desconocimiento de lo que somos, de las razones que nos ligan a nuestras instituciones puede ser una de las causas que explican que la gran mayoría de ciudadanos tengamos tan poco criterio a la hora de opinar y sobre todo a la hora de calificar si un gobierno lo está haciendo bien o lo está haciendo mal.

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