Nabka. 75 años de resistencia palestina

Gonzalo H. Vallejo A.

Columnista

El 14 de mayo los judíos sionistas celebraron con ferviente regocijo nacionalista, en el lado oriental de Jerusalén (su capital), los 75 años de la fundación del Estado de Israel. En el otro lado de la ciudad y en muchas partes del mundo, grupos numerosos de manifestantes recordaban “la Nabka” (catástrofe o tragedia) ocurrida en 1948 cuando 750 mil palestinos fueron expulsados de sus tierras a través de una siniestra estrategia geopolítica urdida desde las entrañas de la ONU que proclamó, primero la independencia de Palestina del yugo neocolonial británico y luego, consolidó su autonomía con la victoria en la guerra árabe–israelí iniciada después de dicha declaración y que se extendió duró 15 meses. Los refugiados de aquellos infaustos días se han convertido, hoy por hoy, en 6 millones de hombres y mujeres dispersos por Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria, Jordania y otros países.

Una llave grande y oxidada (“miftah”), es el símbolo de la lucha palestina por el pronto regreso a sus tierras despojadas. Cada palestino, después de guardarla con celo, cada año la saca del baúl de sus recuerdos y utopías y, luego de un acariciante brillo de nostalgia, la empuña con rabiosa esperanza, anhelando hender los vetustos portones de la indiferencia y la desmemoria. Es así como cree que el mundo, algún día, reconocerá su trágica historia y él y sus descendientes, lograrán abrir, por sí mismos, las puertas del “hogar patrio” en algunos de los 531 pueblos y ciudades que fueron objeto de desarraigo y despojo. Sueña con abandonar por siempre uno de esos 58 campos donde él y sus compatriotas siguen confinados. El mito fundacional del Estado de Israel (“Tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”) contradice aquella promesa mendaz del pronto retorno.

Las “intifadas” (levantamientos rebeldes ocurridos en 1987 y 2000), son el nombre popular que reciben las violentas, cruentas y largas protestas del pueblo palestino, lideradas por jóvenes, contra la execrable ocupación del territorio palestino de la franja de Gaza y Cisjordania ocurrida durante la Guerra de los Seis Días (1967). Un exdirector de inteligencia militar israelí (Yehoshaphat Harkabi) afirmó: “Ofrecer una solución honorable a los palestinos respecto a su derecho a la autodeterminación, sería la solución al problema del terrorismo agenciado por ellos… Cuando el charco desaparezca, no habrá más mosquitos” … El 1º de junio fue declarado por la ONU “Día Internacional del Niño” y el 4 del mismo mes, “Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de la Agresión”. Conmemoramos estas fechas recordando la tragedia que vive el pueblo infantil palestino.

Un trabajo reconocido (“Tears From Palestinian Children to Good”), recoge las oraciones de muchos niños en el campo de refugiados libanés de Sabra y Shatila y otros más de Siria, Gaza y Jordania: “Querido Dios: ¿es bueno darle medallas a los soldados que matan gente y no a los otros que nos alimentan en la fila?”. “Mi amiguito dice que vives en Ginebra, ¿el cielo quedará allá?”. “Voy al hospital por mi ración de comida. Dicen que los perros van de último. Yo llegué de último ayer. ¿Soy perro o persona?”. “Nos acostamos anoche y vimos dos estrellas. Mi hermano cree que son tus ojos. Mi mamá dijo que son dos rotos en tu carpa. ¿Dime quién tiene la razón?”. ¿Los que tienen ojos son buenos? Me dicen que eres ciego. ¿Qué es estar ciego? “Me dijeron que me van a ahorcar porque no les confieso si mi papá es judío o palestino. Yo no sé cuál es la diferencia… Dímelo tú”.

Gonzalohvallejo@gmail.com

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