Otro tiro al aire: Problemas de movilidad

Julián Cárdenas Correa

Columnista

Sería una verdad de Perogrullo afirmar que la mayoría de nuestros proyectos como país, y obvio, como ciudad, carecen, generalmente, de una buena planeación.

No se requiere ser politólogo para decir que incluso tiene sentido la falta de planeación, o más que sentido, tiene explicación: Como las elecciones son cada cuatro años, difícilmente encontremos proyectos de largo plazo que conversen o confluyan con visiones articuladas de políticos en el mediano y largo plazo.

La planeación a largo plazo desde el liderazgo político, se interpreta como totalitarismo, autoritarismo y el “coco” de todo lo que nos asusta, como socialismo.

¿Según esto estamos condenados a no planificación de proyectos? Para ser sensatos, tenemos que señalar que es claro que hay algunos proyectos que se planifican  y aprueban, y que los políticos de turno, uno que otro, se la juegan y se arriesgan a aprobar en sus periodos de gobierno proyectos que serán ejecutados en periodos futuros. Ahí no hemos dicho nada nuevo.

Ahora, sí tenemos que cuestionarnos por qué ha brillado la visión de largo plazo en los problemas de movilidad de la ciudad. Las estadísticas de las que ha venido hablando la Alcaldía de Pereira y el Instituto de Movilidad  dan cuenta de un aumento muy significativo de vehículos circulando en la ciudad, lo que aparentemente es positivo porque evidencia una mejora sostenida en la capacidad adquisitiva de los pereiranos y por ende en su capacidad de adquisición de activos; pero esas buenas noticias se opacan o desvanecen cuando una de las variables más relevantes, como las vías, no aumenta.

Si en los últimos diez años el parque automotor se ha incrementado en casi un 50%, pero las vías son las mismas, no teníamos que ser ni planificadores socialistas, ni expertos en prospectiva, ni tener una plataforma política de largo plazo, para saber que dado que las vías no crecen a ese ritmo, el casi colapso de la movilidad que hoy estamos viviendo, sería una realidad en el corto plazo.

Recuerdo que en una conversación en Proantioquia hace algunos años, el entonces presidente de dicha entidad, me dijo que en lo que se refería a la planeación de la región, no esperaban que la hicieran los políticos. Era Proantioquia y otras entidades las que planteaban ese “hacia dónde” debían encausarse los recursos y “exigían” a los políticos congruencia con esas ejecuciones en los planes de gobierno.

Llegar a eso requiere mucha identidad y empoderamiento cívico, pero también una especie de consenso de región y ciudad que, tenemos que decirlo, aquí aún no tenemos.

Si en Cerritos se crean en unos pocos años miles de unidades de vivienda y tenemos las mismas dos vías de hace décadas, es obvio que la vía tenía que colapsar. Es simple cuestión de física y de sentido común.

El problema de la movilidad está cobrando visos de urgencia, al igual que el de la inseguridad, y no vemos hechos destacados dirigidos hacia la mitigación de esa problemática.

Promesas sí hay, pero en estos frentes nos urgen pruebas, hechos. El desafío es que en movilidad, contrario a lo que puede darse en inseguridad, las soluciones son de largo aliento y puede que no tengamos ese nivel de paciencia.

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