Ricardo Tribín Acosta
Columnista
Si, así es, puesto que existen algunos seres humanos que son prisioneros con escasas oportunidades de libertad, ya que están encarcelados dentro de sus propios rencores, iras y resentimientos. Cuando se odia a alguien por cualquier tipo de incidente, el mas afectado sin duda alguna es aquel quien lleva a sus espaldas la elevada carga del resentimiento.
Somos prisioneros de nuestros propios resentimientos, lo cual conlleva que , además de la carga que llevamos sobre nuestros hombros por diferentes situaciones por las que pasamos en la vida, también llevamos la del otro parroquiano a quien, como si estuviera almacenado en un disco duro, guardamos nuestros odios para poder sacarlos con fiereza e insistencia en cualquier momento.
Ah carachas, diría mi amiga santafereña en el mejor calambur bogotano, ¿y como entonces hacemos para librarnos de tal cárcel interior y salir de ahí? Pues no es tan difícil, ya sabes, puesto que el perdón abre la puerta de tan estrecha cárcel mental y espiritual y nos hace libres, recordando lo que decía el Santo de Asís “Porque perdonando es como se nos perdona”.
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