Con el lanzamiento de ChatGPT se inició un cambio total de la sociedad contemporánea. Nadie lo esperaba y no todos se han enterado de su profundidad. Poner al alcance de la humanidad todo el conocimiento existente de manera casi gratuita no tiene precedente en la historia y sus efectos futuros son imprevisibles. La inteligencia artificial, como se denomina la capacidad de las máquinas para emular el sistema del pensamiento humano, era hasta hace poco tiempo un buen tema para las novelas de ciencia ficción, pero desde hace tres años es una realidad que no para de crecer. Aun cuando desde 1.956 ya se hablaba de la inteligencia artificial y había avances notorios en la capacidad de los equipos (Hardware) y la programación (software), al punto de que la producción industrial ya estaba altamente robotizada en países como China, la competencia abierta hace tres años desató una carrera tecnológica que no para de crecer y afectar todas las actividades cotidianas. Solo en el último año se han presentado avances que desbordan la imaginación; ante la decisión de Estados Unidos de limitar la venta de micro chips, China, de nuevo, lanzó un sistema diferente, “DeepSeek”, que arrasó en capacidad con la técnica preexistente. La respuesta de Google fue “Willow” un chip cuántico y la de Microsoft otro que se llamó “Majorana1”, cada uno con una mayor capacidad absolutamente inentendible para nosotros los mortales. Se afirma que estos aumentan la eficiencia en una escala de diez a la veinticinco, algo así como trillones de años medida en velocidad de cómputo. Por otra parte, Elon Musk fabricó en cuatro meses un supercomputador al que ha llamado “Colossus” con el cual promete abrir escenarios todavía más inimaginables de ciencia abierta al público. Asombroso. Revisar estos asuntos puede ser un buen programa para las vacaciones navideñas.
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