¿Quién habla por tu boca?

Iván Tabares Marín

Hay frases que alguna vez leímos y nunca se olvidan. Por ejemplo, “todo genio es el imbécil de otro”. La frase cobra actualidad en la discusión planteada por la extracción de Nicolás Maduro para ser juzgado por un tribunal norteamericano. Expertos nacionales y extranjeros han presentado las más contradictorias opiniones al respecto que solo generan desconcierto. La frase más repetida, especialmente por los simpatizantes de la izquierda, está relacionada con la violación del derecho internacional. 

¿Qué parte del derecho internacional me perdí cuando estudiaba en la Universidad Libre? ¿Qué artículo dice que, un gobierno ilegítimo, vinculado abiertamente al narcotráfico, al saqueo del erario, al terrorismo internacional, al secuestro y la extorsión, a la protección de guerrillas colombianas y carteles internacionales de la droga, está amparado por el derecho internacional?

Y si el derecho internacional está representado por las Naciones Unidas, ¿por qué esa organización no ha hecho nada para llevar a juicio a Vladimir Putin por haberse apropiado de la península de Crimea, destruido a Ucrania y tomado posesión de buena parte de su territorio? Por otro lado, ¿por qué el derecho internacional no sanciona los intereses imperialistas de Xi Jimping al tomar el control de al menos 17 países africanos, casi todos gobernados por dictadores, mediante préstamos impagables que utiliza como chantaje?

¿Qué tribunal va a juzgar las aberraciones del gobierno musulmán de Irán y a los terroristas de Hamás amigos de Gustavo Petro? ¿Y quién, a los gobiernos infames de México, Cuba o Nicaragua, todos violadores eternos del derecho internacional humanitario?

Veamos un caso. El presidente del Centro Internacional de Toledo para la Paz, Shlomo Ben Ami, dijo en un artículo publicado por El Tiempo: “Trump se ha negado a permitir que ninguno de los dos (Edmundo González o María Corina Machado) asuma el poder (en Venezuela)”. Y agrega: “Es de suponer que los considera demasiado débiles y/o liberales para servir como lacayos eficaces”. Y concluye: “A esta altura queda claro que no se puede confiar en Trump”. ¿Quién habla por su boca? ¿Quién es el genio de ese estúpido que posa de experto? ¿Quién le paga por decir tantas tonterías e insultos? 

A nivel doméstico el drama es más desconcertante dada la cantidad de mediocres funcionarios del gobierno del enfermo mental, como la embajadora ante la ONU que habla con dificultad nuestro idioma y la canciller Villavicencio; la ridícula directora del DAPRE, Departamento Administrativo de la Presidencia de la República, Angie Rodríguez. Y no hablemos de los 44 congresistas del Pacto Histórico que nunca fueron a una universidad y no se sabe si terminaron la escuela elemental o la secundaria, según investigación de la revista Semana. Con la llegada al Congreso de los influenciadores, bien pagados por el gobierno y que hacen campaña al petrismo, podremos hablar del “bazar de los idiotas”. ¿Quién hablará por sus bocas?

Cada día los problemas políticos o de otro tipo son más complicados, pero quienes asumimos la responsabilidad de representar al pueblo somos más ignorantes o idiotas.

 

 

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