*Lina María Arango D
Columnista
“Reformar el sistema de salud es un asunto de dignidad; sin embargo, desconocer el riesgo de corrupción que implica la influencia de políticos en el sistema, es caer en un error estructural: no habrá reforma a la salud exitosa, si no se abordan sus riesgos de corrupción”. LA
Hace poco acompañé a mi abuela a la sala de urgencias de la clínica Los Rosales y a una cita médica. La espera en la sala es una prueba de paciencia y autocontrol, no sólo por las demoras y falta de empatía del personal con los pacientes y acompañantes, si no por la molestia que da ver personas que evidentemente se saltan la fila después de hacer “una llamadita”. La atención en la cita médica tampoco fue una buena experiencia: el afán de la doctora por escribir en un computador, sin mirar a los ojos y con una frase de “solo tengo 15 minutos, cuente rápido por qué vino”, activó mi indignación. Puse una queja y obviamente no pasó nada.
Mientras esperaba y veía como acompañante cómo es la atención en una sala de urgencia, pensaba varias cosas: en primer lugar, hay procedimientos de atención que no requieren una reforma estructural de la salud. Temas de micro gerencia que podrían mejorar en cada hospital. La comunicación y atención al paciente es muy deficiente en las urgencias de la clínica los Rosales. En el caso de mi abuela, la espera por los resultados de los exámenes se extendió hasta la noche, a pesar de estar listos horas antes y sin que el personal se hubiera percatado. En segundo lugar, pensaba: el día que un político como Meregh, Patiño, Gallo, o un dirigente gremial de la ciudad pase por esta sala y haga la espera que un ciudadano sin “palancas” hace, ese día se tomarán medidas gerenciales que con sentido común mejorará la atención en los Rosales o el San Jorge.
El sistema de salud público no sólo fue cooptado a través de las EPS por privados que privilegiaron sus intereses personales sobre el interés general, sino también por los políticos de región, quienes con las “llamaditas” “favores” (Tráfico de influencias) y “empresas tercerizadas” (Capturan la contratación) usan los servicios con un fin personal, burocrático y electoral.
En buena hora, Transparencia por Colombia analizó la reforma a la Salud que cursa en el Congreso y propuso una serie de medidas para abordar los riesgos de corrupción: 1. La visibilidad presupuestaria que involucre a todas las fuentes de financiación y obligación de publicar la información de contratación; 2. Definir medidas de prevención para evitar la injerencia política y de corrupción; 3. Establecer medidas claras y fuertes de control y sanción.
Aprobar la reforma a la salud, sin establecer claramente como se blindaran los recursos para que no sean dilapidados por políticos inescrupulosos sería muy irresponsable. Comparto la posición de la representante de Risaralda Carolina Giraldo, quien en un comunicado expresó que no apoyara la Reforma si no se abordan medidas anticorrupción.

