Repensar la educación o transformar el sistema educativo

Según la reciente encuesta Invamer–Fundación Empresarios por la Educación, el 49% de los colombianos considera que la calidad educativa está empeorando; el 40% opina que ha mejorado y el 11% dice que sigue igual. Para el 60% de los encuestados la labor de los docentes no es valorada. El 67% recomienda estudiar para ser docentes. Más del 40% señala que prefiere una carrera técnica o tecnológica frente a una universitaria. La salud y la economía se anteponen a la educación en orden de prioridades. Se cuestionan métodos y contenidos propios de la enseñanza–aprendizaje al igual que los índices de rendimiento escolar, formación y desempeño docente, acceso a oportunidades educativas, infraestructura escolar, costos educativos. Pobreza y desempleo son factores que tienen gran incidencia en la baja demanda y cobertura escolar y en la alta deserción.

En el año 2022, la fundación Empresarios por la educación publicó un texto (“Repensar la educación. Rutas para transformar la calidad educativa”). Hoy día, este es un libro más, arrinconado en los anaqueles del olvido oficial. En siete capítulos se habló de las brechas educativas que había dejado la pandemia; los imaginarios educativos enfocados desde la innovación y la tecnología; la autonomía escolar y el mejoramiento de la calidad educativa; la calidad en la formación del servicio docente; la financiación de la educación en el país; la transmutación de la importancia en urgencia y la prospectiva de la formación posmedia en Colombia. Una obra tan importante pudo haber sido la brújula en este errátil trasegar de nuestra institucionalidad, pero tediosos foros y frugales cónclaves la convirtieron en una muestra palmaria de la indolente y corrupta desmemoria que hoy padece la nación…

El argentino Pablo Gentili (CLACSO), autoridad en temas educativos, formuló en 2013 una memorable diatriba contra la visión empresarial que se tiene sobre el tema educativo. Cuando se debería explicar “por qué estamos como estamos”, emergen flamantes sofismas distractivos: el Estado valora la presencia del gremio empresarial que reivindica el mundo educable debido a que las instituciones educativas no forman en la cultura del trabajo; no transmiten las competencias que el mundo del mercado y el capital exige a través de visiones misionales, valores y saberes; no promueven la cultura emprendedora y productiva; difunden hábitos de vagancia y abulia agenciados por maestros que no trabajan y viven en paro. La educación empresarial hace su presencia redentora aquí, sobre–diagnosticando y resolviendo mágicamente las causas estructurales del problema.

Muchos empresarios, desde sus cómodas atalayas orladas de discursos egocéntricos, observan indolentemente el incierto y caótico mundo de lo educativo. Proponen programas y proyectos cortoplacistas con diagnósticos prejuiciosos caracterizados por el simplismo y la trivialidad, acompasado todo por el arpegio mediático con el que suelen divulgarlos a través de mensajes subliminales, asistencialistas y milagrosos. Pablo Gentili, desde su” observatorio socio–educativo, concluye: “Parece más bien que, a nuestros mesiánicos empresarios, la educación les aporta una eficaz coartada, un buen pre–texto para justificar sus beneficios y oportunidades en comunidades marcadas por la injusticia y la inequidad. Para ello, tratan de explicar con un tono sugestivo y altruista (samaritano), por qué millones de personas continúan viviendo en la miseria mientras sus fortunas no paran de crecer”.

Supervisor de educación. “Reflexiones al borde del fin del año escolar”

gonzalohvallejo@gmail.com

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