Vamos a darle un sentido diferente a los acontecimientos, hagamos que, aquello que dolió, hoy nos haga sentir contentos. Cambiar el pasado no podremos, sin embargo, somos aptos para modificar nuestra posición al respecto. Ya dejemos el victimismo, no nos demos más golpes de pecho; atrás, en el pasado, quedaron sepultados los hechos. No es por falta de empatía, es porque sé de lo que estás hecho, no es algo que creo, tengo fe en la llama que arde en tu pecho.
Todos quisiéramos cambiar de nuestra vida algún suceso, pero las cosas son y serán exactamente como fueron; lo único que podemos modificar es nuestra visión al respecto y la forma como le damos significado a los eventos. Hay que resignificar la caída, darle una nueva definición a la muerte, aprender a ver las cosas con ojos diferentes. Aquí radica la disparidad entre lo que destruye y lo que impulsa; puede ser el mismo suceso, quien lo vive determina cómo lo usa. De allí el adagio popular, “Lo que no te mata, te hace más fuerte” No es un refrán cualquiera, es el himno del valiente.

