Por Walter Benavides Antía
La seguridad vial en el departamento de Risaralda, y específicamente en su área conurbada que integra a Pereira, Dosquebradas y La Virginia, ha trascendido la categoría de problema de movilidad para consolidarse como una crisis de salud pública de primer orden. Datos del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), y las secretarías de movilidad locales, evidencian una tensión estructural en el territorio: mientras se avanza en la consolidación logística y turística, sus vías se han convertido en el escenario de una actividad que cobra, en promedio, más de una vida cada tres días. Risaralda, con su topografía montañosa y su alta densidad de motocicletas, presenta desafíos que no son replicables en otras regiones del país.
El Caso Pereira: Hasta octubre de 2025, la ciudad registraba 77 muertes. La persistencia de la mortalidad en la capital sugiere que las intervenciones estructurales aún no han tenido el tiempo o la escala suficiente para impactar la macroestadística.
El Éxito de Dosquebradas: el municipio reportó una reducción del 33% en víctimas fatales durante el primer trimestre de 2025. Se atribuye este éxito a la “intensificación de operativos”, lo que valida la hipótesis que el control policial y la fiscalización directa son las herramientas más efectivas a corto plazo para modificar conductas.
La Virginia ha reportado periodos extendidos sin homicidios ni muertes viales, consolidándose como un “oasis” relativo de seguridad dentro del área metropolitana, aunque sus volúmenes de tráfico son considerablemente menores.
Dosquebradas enfrenta un desafío único: es un municipio fragmentado por vías nacionales. La Avenida Simón Bolívar y la Avenida del Ferrocarril actúan como barreras físicas que dividen barrios y zonas industriales. La accidentalidad está muy ligada al cruce indebido de peatones y a la velocidad de los vehículos que utilizan el municipio como paso hacia Manizales o Santa Rosa de Cabal. A pesar de sus 25 muertos en 2024, las estrategias de pacificación reciente han mostrado que el control de velocidad es la variable clave.
Santa Rosa de Cabal presenta una dinámica diferenciada, impulsada por su vocación turística. Con una tasa de mortalidad de 16,25 por cada 100.000 habitantes en 2022, el municipio sufre picos de riesgo durante los fines de semana y temporadas vacacionales. La afluencia masiva de vehículos foráneos, cuyos conductores desconocen la topografía local y las curvas de acceso al municipio, incrementa la probabilidad de siniestros. Además, la estrechez de sus vías céntricas genera fricciones constantes entre peatones (turistas) y vehículos locales.
La Virginia como puerta al occidente, maneja un tráfico pesado significativo hacia el Chocó y el Valle del Cauca y Antioquia. Sin embargo, su trama urbana plana favorece el uso masivo de la bicicleta y la motocicleta de bajo cilindraje. Aunque sus cifras absolutas de mortalidad son bajas, la gravedad de los accidentes que involucran vehículos de carga pesada es extrema.
@walterbenavidesantia7484

