Seguramente no han oído hablar de Jürgen Schmithuber pues no juega en la liga, ni pertenece a una banda de rock. Pero vale la pena seguirlo. Es uno de los pioneros de la inteligencia artificial sobre lo cual viene publicando artículos desde 1.987. Cuenta que en esa época sus compañeros se burlaban de la idea de crear un robot inteligente y en los 90, en una conferencia tuvo una sola persona en el auditorio, quien le dijo, era la siguiente ponente y le oyó a cambio de que el también estuviera en la de ella. A nadie le importaba ni creía en el cuento de las redes neuronales. Pero de golpe, aprovechando el crecimiento exponencial de la capacidad de cómputo y la rebaja de precios en la tecnología, ocurrió un Salto Cualitativo. Pasamos de la computación bruta a la inteligencia artificial. Los años 20 de este siglo serán recordados por la estúpida respuesta a la pandemia; apagar el mundo. Por la estúpida escalada militar en Europa que puede conducirnos a la guerra nuclear y si sobrevivimos a esa, por la inquietante inteligencia artificial. En solo cuatro años pasamos de los buscadores a los Chat GPT (Generative Pretrained Transformer) donde hay ofertas gratuitas, pagadas, especializadas y oscuras. Inteligencia artificial para todos los gustos y usos: Medicina para diagnósticos, derecho para búsquedas de jurisprudencia, análisis de documentos y preparación de alegatos. Ingeniería, economía, perfilamiento de delincuentes y enemigos del sistema, diseño gráfico. Literalmente, para todo. A esa velocidad es imposible predecir aun con la ayuda de la AI qué pasará en la sociedad global pero ciertamente se cocina un cambio el cambio inatajable. Así ocurrió hace quinientos años con la invención de la imprenta que dio el golpe de gracia a la edad media. Los que imprimieron el primer libro, la Biblia, no sabían que ese sería el fin de la teocracia. De un GPT, un transformador generativo entrenado puede esperarse cualquier cosa.
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