Si por acá llueve, por allá no escampa.

Aquí, allá y acullá, la confrontación, la polarización, se han convertido en el pan de cada día.
Veamos: en Reino Unido el gobierno refuerza su política migratoria para frenar a la ultraderecha. La propuesta consiste en establecer que los refugiados esperen 20 años antes de solicitar residencia permanente y, además, limitar las ayudas sociales.
En el caso de España, nada diferente se está presentando también con los inmigrantes pues el gobierno socialista catalán que preside Illa ha anunciado, que los “mossos dÉsquadra” publicarán a partir de enero, el origen de los detenidos en sus balances de criminalidad. Aunque se insiste en que no se quiere fomentar estigmas, la medida sigue el precedente de País Vasco, que ya informa sobre las procedencias generales como de origen europeo o magrebí, de los detenidos.
Ni qué hablar de la confrontación entre Palestina e Israel, Rusia y Ucrania, los ataques de la armada estadounidense contra los barcos que salen de Venezuela y se sospecha que llevan cargamento de cocaína. En fin, el Planeta está que arde y se marcha de una manera acelerada en la construcción de muros que dividen, que aíslan, para llegar a lo que podría ser una confrontación planetaria.
Si miramos el pasado, lo que podemos observar es cómo ese simio, para poder sobrevivir, inventó el lenguaje, primero la mímica, luego la pintura y posteriormente un lenguaje verbal y escrito que le permitió conformar sociedad, hacer alianzas y convertirse en un “homo sapiens” que enfrentó de una manera exitosa a una naturaleza desconocida y por lo mismo, hostil. Y cuando hablamos de realización plena, de satisfacción de las necesidades de ese homo sapiens, nos tenemos que remitir no solamente a los logros que tienen que ver con la economía sino también con el convivir en medio de las múltiples diferencias que se presentan entre los seres humanos.
Infortunadamente, cada vez le hemos dado más importancia a lo técnico, a lo científico, dejando al margen el valor de lo humano, de la solidaridad, que definitivamente debe ser una prioridad para ese hombre planetario.
Decía un reconocido psicoanalista que la solidaridad era el acto más egoísta del ser humano, para indicar que, al realizar un acto de solidaridad, se viene a producir una respuesta de agradecimiento que nos permite sentirnos felices. Hoy, desafortunadamente se prioriza la agresión, con una respuesta similar.

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