Sobre los orígenes de la Novena de Navidad

La Novena de Navidad es una tradición de varios siglos atrás. La verdad, desconocía su origen, mucho menos quién la había editado en Colombia. Me hice la pregunta esta semana, cuando vi a los niños corriendo a recibir regalos en cada sitio de las novenas en el barrio. Busqué, y supe entonces que la editora de la novena colombiana fue una mujer, Bertilda Samper Acosta. 

El origen de la novena tiene vínculos entre ecuatorianos y colombianos, de hecho, su autor fue Fernando de Jesús Larrea, un lingüista quiteño que terminaría sus días de vida en la ciudad de Cali. Lideró misiones populares en Quito Ecuador, y en varias regiones colombianas. En esos caminos conoció a doña María Clemencia Gertrudis de Jesús Cayzedo Vélez Ladrón de Guevara de Aróstegui y Escota, con quien mantuvo extensa comunicación. A ella obsequió fray Fernando el texto de la novena para el aguinaldo. No obstante, aún no hay acuerdo entre los historiadores en la fecha precisa de escritura. El primer texto se imprimió en Lima, Perú, en 1788; conocido en Bogotá gracias a la edición preparada por la Imprenta Patriótica en 1807. (Historia de la Novena de Navidad. Conferencia Episcopal de Colombia. 2020)

Desde entonces existe aquella tradición que pervive, compartida por Ecuador, Colombia y Latinoamérica. En Colombia, salvaguardada y difundida por la amplia actividad y presencia de las mujeres, se popularizó gracias a Clemencia de Jesús Caycedo Vélez y Bertilda Samper Acosta (La Madre María Ignacia) fue ella la editora de la novena que hoy rezamos y cantamos junto a los niños, “La Novena del Niño Dios”. 

Nació en Bogotá el 31 de Julio de 1856. “Hija del humanista, periodista, y político José María Samper y de la reconocida humanista y escritora Soledad Acosta de Samper. Desde muy niña, Bertilda viajó por Europa y América, y juntamente con el castellano aprendió el inglés y el francés. Además de los talentos académicos heredados de sus padres, esta poetisa pertenecía a una familia de próceres, pues su abuelo, el historiador Joaquín Acosta y Pérez de Guzmán había participado en el movimiento intelectual de las gestas patriotas de la independencia nacional. Desde muy niña mostró una ardiente piedad religiosa que la llevó, en 1886, a vestir el hábito de La Enseñanza, muy a pesar de su madre, quien había criticado la vida de clausura en “La Monja en el Mosaico”, escrito de 1866.”

Sea pues esta la ocasión para anhelar la profundización en su historia, intenté indagar en los textos de la Red Cultural de Banrepública, pero los códigos de acceso desestimulan por estas épocas. Por ahora, seguir viendo a los niños cantar y correr. Por cierto, tal vez por la prisa moderna ya muchos no se saben ni los coros, y a edades cada vez más tempranas descubren a los enviados terrenales del Niño Dios, aunque siguen manteniendo la fantasía y sus aguinaldos conservan el mensaje: ‘Del niño dios, para…’ 

-Desentona —choca— eso sí, el “¡viva! y ¡amén Jesús!” que algunos están introduciendo por estos días en las novenas. 

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